miércoles, 9 de enero de 2013

el don de acompañar. (dedicado Parte III)


ACOMPAÑAR no es caminar por el otro, dar los pasos del otro, tomar las decisiones que el otro debe o no tomar en algún momento.
Acompañar no es llenar con la propia presencia un lugar que no es nuestro, no es ahogar hasta el punto que el otro ya no pueda vivir por sí mismo.
Acompañar no es brindar soluciones y respuestas que han de descubrirse en la propia experiencia por dolorosa que se intuya pueda abrirse hacia adelante.

Hay un don infinitamente valioso y especial en aquel que sabe acompañar bien. Y en esto sí me siento especialmente desbordada de fortuna. He tenido el regalo de buenos compañeros de camino. HOY en particular quiero dar gracias por uno de esos compañeros que es para mí, además, un hermano elegido.
Mi hermano siempre encuentra el modo "justo" de estar acompañando. A veces es visiblemente cercano, yo celebro esos días y me hace muy feliz cuando sucede. Pero cuando el modo no es tan visible, cuando parece por momentos que estamos a distancia, también lo celebro: celebro que puedo caminar en su presencia incluso cuando no se hace exteriormente visible, celebro poder sentirlo muy cercano aún cuando nos silenciamos por un tiempo, celebro un cariño que incluso si no nos volviéramos a encontrar nunca en la vida es infinito y verdadero. Celebro que me haya ayudado a madurar los vínculos, que me ayude a no ser dependiente de su mirada ni de su consejo, celebro que me crea capaz de dar mis pasos, celebro saberme parte de su camino también, celebro la alegría de una presencia que está por encima de las distancias y los tiempos.

Mi hermano me hizo el regalo inmenso de saber ser para mí un gran compañero de camino: capaz de guiar, de darme espacio, de compartir tantas cosas; capaz de aconsejar, de sostener, de darme ánimo cuando las cosas no han ido bien, capaz de estar y abrirse también a recibir lo que traigo para darle de lo mío, capaz de quererme como soy y de dejarse querer.
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HOY doy gracias por ese regalo de su vida en la mía, doy gracias infinitamente por hacerme el regalo de aceptar y asumir de corazón aquel pedido que tiene ya más de 20 años, y que abrió dentro mío la posibilidad de confiar: "-¿querés ser mi hermano elegido?"...y vino un SI que no tiene ni tendrá, nunca  más, vuelta atrás.



4 comentarios:

Pablo Bustos dijo...

Muy buena reflexión, fluye la vida, el sentir, la experiencia hecha narración.... gracias...Celebro el don de tu palabra.

Analía dijo...

Gracias!Un abrazo Pablo!! También preparo en el corazón la celebración de tu vida...falta poco,,,jeje

julieta dijo...

ana, cuanto hace que no entraba por acá..en aquellos días en donde levantar la mirada era casi impodible. hermosas palabras y reflexiones. GRACIAS! cariños

Analía dijo...

gracias Juli!!! ¿viste que todo pasa?
Me alegra de corazón que la vida se haya vuelto luminosa y feliz para vos. tenes una hermosa familia!! te mando un beso...y descansá!!!

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