viernes, 31 de enero de 2014

de CORAZÓN AGRADECIDO.

Hago un intento por escribir todo lo que el corazón late ahora mismo y no sé por donde empezar, pero necesito. Casi escribo para mí y para quienes sabrán leer esta vez entre líneas sus propios nombres.

Es un tiempo tan intenso de encuentros, de despedidas, de bienvenidas y de esperas  tan misteriosamente entrelazadas, que aunque soy profundamente feliz, me siento a la vez desbordando emociones y llanto y risa, nostalgia y alegría se vuelven todo uno.

Me acuerdo ahora mismo de una canción de Teresa: "Las palabras, ya ves, jamás alcanzan; si lo que hay que decir, desborda el alma". Y así me siento. 

Quizás sea mejor que las palabras esta vez no alcancen. Que no intenten atrapar tanto sentir, ni quieran apropiarse de los momentos y las personas con las que tuve el regalo de disfrutar-compartir-celebrar-agradecer en estos días habernos encontrado en la vida. Yo no esperaba. Fue tanto más de lo que hubiera podido imaginar. Siempre es más...

Quizás sea necesario atesorar tanto compartido, celebrarlo en lo íntimo del alma, seguir degustando tanto encuentro, tanta paz recibida en ellos, tanta alegría. Y seguir confiando en que cerca o lejos, uno se queda para siempre en el corazón de los amigos y ellos en el nuestro. 



( sé que llegará)

En la dulce espera una vez más...

Esperar a un hijo es de las experiencias más hermosas de la vida. 
Acá estoy, en esa espera una vez más. 
Una espera que siempre reedita de algún modo aquella primera espera y aquel primer abrazo que nos reuniera del mismo lado del mundo.
Las espero ahora, deseando con el corazón que ya estén acá, midiendo el tiempo en las 20 horas que nos separan, extrañándolas más que nunca esta vez.
Ya casi están, otra vez en casa. 
Las espero! 
Con la misma ilusión de la primera vez, con más amor si se pudiera todavía más.


¡LAS AMO TANTO!

martes, 21 de enero de 2014

AMAR la REALIDAD


Me hablás de sueños, de ilusiones a lo grande, y yo te escucho como si me escuchara a mí misma hace 10 años (a mis 30)

No es que haya dejado de creer en los sueños, en las ilusiones, ni en el "vuelo" que a veces es necesario animarse a intentar. Ni que no haya ganado a esta altura cierta experiencia en esto de aprender a caer; llevo algunos machucones interesantes en mi haber.

Pero ahora, y desde hace un tiempo ya, aunque puede parecer algo drástico cuando lo expreso, intuyo que le había puesto demasiada expectativa a la vida. Demasiado "vuelo". Quiero decirte, por si esto te generara alguna duda, que amo vivir, soy enamorada de la vida que vivo -incluso con sus dolores y los imprevisibles que a veces me han quitado el sueño y la alegría- pero creo que voy abandonando aquellos "mundos ideales"  que me tenían por los aires, para empezar a dar lugar al mundo real.

Esta viñeta con la que me encontré hoy de casualidad, me hizo un poco de "ruido" dentro. Creo que no estoy demasiado de acuerdo con el final: vivir en el suelo, no se me hace NADA aburrido. Los pies en la tierra, "estamos hechos para caminar" -como me dijo mi amigo- Aburrido será si me echo al píso con brazos tendidos-rendidos y me quedo inmóvil al lado del camino. Pero no es eso lo que siento vivir este tiempo. 

Un llamado claro, sereno, lindo a vivir más en contacto con la realidad que me toca, con lo que Dios mismo me va poniendo entre manos, con lo que mis ojos pueden contemplar-descubrir en lo inmediato. Caminar a conciencia del suelo que piso, amar este camino que atravieso, descubrir los compañeros de ruta que tantas veces se me dan en regalo inmenso, inmerecido, gratis.

Vivir en el suelo no aburre, no. Vivir en el suelo, dispuesto a andar, sabiendo que hay momentos para el descanso, haciendo experiencia de recorrido en distintos paisajes cotidianos, asumiendo el desafío de lo imprevisto, de lo que se vuelve escollo; tocando-viendo-gustando el vivir, no podría ser más invitador a la esperanza y a dejarse sorprender.

Des-idealizar los caminos.
Quizás sentirse REAL-izado tenga algo que ver con esto: aprender a gustar y gozar la realidad que se nos da a vivir. Gozar la realidad que habitamos.



jueves, 16 de enero de 2014

de Vida compartida


Empiezo el post con la foto. 
Quiero escribir mirando dentro de la foto, a través de ella, recordando y atesorando no solo el recuerdo de este día, sino las memorias agradecidas de todo lo que hay compartido antes y después.

Mi amigo no es de sacarse fotos, creo que no le gusta mucho el asunto, y solo tengo unas pocas en donde estamos los dos. Es claro que tengo muchas menos fotos de las que me gustaría, y entonces recurro cada tanto a mi pobre archivo para evocar una presencia que me hace muy feliz.

Este amigo-hermano vive por un tiempo más un poco lejos de casa, y si quisiera abrazarlo hoy para decirle feliz cumpleaños debería cruzar un océano, salirme del verano por un rato y asomarme a su invierno, golpear su puerta a esta hora y escuchar que alguien me reciba con un "buona sera" del otro lado. No me será posible eso. Así que una vez más el abrazo será con palabras, y la cercanía será bien posible porque la presencia es tan real para mí que aún si no nos viéramos nunca más en la vida, no sería posible sentirlo lejos.

Mi amigo hoy celebra un año más de vida, y desde acá también lo celebro con todo el corazón. Su vida es un regalo hermoso en la mía. Le debo entre otras muchas cosas grandes que guardo en lo profundo de mi corazón, el título del blog "esperanza que construye mientras espera" y el "levantar la mirada" de la dirección de página. 


GRACIAS Señor por la vida de Horacio, por haberlo creado, por habernos cruzado en el camino, y por hacerlo mi hermano amigo, para siempre.








domingo, 5 de enero de 2014

Paisaje-palabras...

Me gustan las palabras. Disfruto de leer, de escribir. Disfruto de los mundos que las palabras crean todo el tiempo. No soy una iluminada de las ideas, ni escritora, ni creo tener una sabiduría especial que necesite salir a la luz con lo que escribo: solo comparto intuiciones, vivencias, preguntas, deseos, caminos, búsquedas, sentires, cosas que me atraviesan. No tengo mucha más aspiración que esa cuando escribo. 
En este mundo de palabras no hay fronteras, no hay reinos, no hay leyes con las que uno pueda quedar dentro o fuera, ni permisos especiales para transitarlos. Si las palabras están ahí, compartidas, ya uno puede ser bien libre de "vacacionar" en ellas, de pasear por ellas, de "adueñarse" un poco de ellas y sin por eso privar a los otros de poseerlas de igual modo. ¡Las palabras son como el amor! No se agotan.

En esta experiencia de quedarse paseando por los mundos de palabras, hace unos días que acampo en un paisaje. Me cuelo en una escena a la que nadie me invita, miro de lejos y escucho a Jorge contándole a Santucho, su amigo:
"...Mientras íbamos por la ruta, le contaba lo duro que fue este invierno, de lo jodido que se habían puesto los caminos. Le decía que lo mejor es ir escuchando algo de Pink Floyd, de Deep Purple, de Silvio y por supuesto, algo de don Hugo. Que te pintan el paisaje tal cual es. Le contaba de las nubes, lo de sus formas, de sus distintas tonalidades. 
...Le decía que últimamente paso mucho tiempo allá, que había sido una bendición encontrar ese lugar, que siempre encuentro algo para hacer. Que nos estábamos juntando con los vecinos para tratar de que llegue el agua, que ya habían empezado a hacer los pozos. Que las garrafas de gas las reparten dos veces en la semana.
Le contaba de los perros, de la gente mala que los abandona, de las liebres, de las lagartijas, de los caballos, de los coirones, de los calafates, del abono, de la tierra negra. De lo mucho que cuesta plantar un rancho en medio del desierto. Le decía que hacía mucho tiempo no sentía el viento tan fuerte. El desierto es así -le decía- te pone a prueba constantemente."
Lo leo, y siento que lo escucho desde los ojos de Santucho. 
Miro los perros, la casa, la tierra reseca. Siento el viento en la cara y el olor de las plantas. Veo a lo lejos un hombre que trabaja alrededor de la casa. Veo vacío y siento paz. Y veo a Jorge habitando el paisaje, enamorado de las nubes y los perros, de su "rancho" y de un desierto que se vuelve desafío. Me gusta escuchar que a pesar de todo esto que parece complicado, se vive como una bendición y un lugar en el que se quiere ESTAR.

Ahora que me apoderé de las palabras, puedo volver a mis paisajes. Un lindo paseo para mí. Se abren los recuerdos de mis propios desiertos y confirmo lo dicho por Jorge: lo difícil de habitar allí, de animarse a sentir la inclemencia del tiempo a espacio abierto -sin refugios, sin reparos-; y el desafío de las pruebas que nos hacen más libres, más verdaderos. También quiero habitar en mis  tiempos de desierto, de desolación, de sequía; vivirlos como bendición.



Me voy sin saludar, porque me basta cerrar los ojos para volver. 



(El entrecomillado pertenece a Jorge Curinao, del blog: La chispa adecuada)

miércoles, 1 de enero de 2014

FELIZ CAMINO PARA TODOS!

Primer día del recién estrenado 2014. Las nenas todavía duermen y me levanto con ganas de escribir. Debatía conmigo misma alguna idea mientras recordaba, pensaba para adelante, y seguía mi "presente" en la cama. 

Esta imagen de la "página en blanco" que siempre, o al menos desde hace mucho tiempo, me acompaña cuando pienso en el nuevo año que comienza, HOY no se me hacía tan clara. Y es que creo que me gustaría enmarcarla mejor.  

No quiero una página en blanco desprendida de "todo el cuaderno"; la quiero en continuación a todo lo anterior y en posibilidad de seguir escribiéndose para adelante sin límites. No quiero hacer "borrón y cuenta nueva" de lo vivido. Ni siquiera de aquello que pueda haber dolido, disgustado, dejado una triste o amarga sensación.

Quiero mi hoja en blanco en posibilidad de entramarse con el resto de lo escrito, y de poder volver a "repasar" si es necesario, en las líneas del tiempo que pasó: no para quedarse anclado ahí, sino para no perder la memoria de lo vivido, el hilo de la historia, el respeto a tanto que se ha caminado con  todo el corazón puesto allí.

Quiero mi hoja en blanco en letra agradecida por todo lo que la precede, porque aquello ha gestado y seguirá haciéndolo, todo lo nuevo. Las nuevas miradas, los sentires distintos, las nuevas comprensiones de las cosas, están tan impregnadas de lo que se ha caminado que sería necio querer olvidar.

Quiero mi hoja en blanco en flexibilidad para asumir de lo pasado, los errores, las heridas, lo oscuro. Tantas veces es ahí donde la luz se hace y nos impulsa a "escribir-vivir" la historia con mejor letra, con más fluidez, con más verdad...

Quiero mi hoja en blanco en libertad de escribirse como viene,  confiando, esperanzada, feliz, agradecida y dispuesta a dejarse sorprender.

Quiero mi hoja en blanco, chiquita, simple, en medio de miles de otras hojas que ya están escritas, y ojalá de otras miles que aún no se escribirán. La quiero ahí, serena, en espera y trabajo permanente, en capacidad de acoger palabras que den cuenta de la VIDA bien vivida, de la vida compartida, de la vida como regalo.



¡Muy feliz día nuevo, muy feliz año nuevo, muy feliz tiempo nuevo para todos! 
Agradecidos por lo vivido, celebrando el hoy, soñando y dispuestos a recibir lo que vendrá.




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