jueves, 3 de mayo de 2018

Caer para afuera..


A veces caemos para afuera. Quedamos por un rato o una temporada ajenos a nosotros mismos. 
El cuerpo se vuelve cáscara, máscara, casa deshabitada. No nos atormenta ese vacío porque no estamos en verdad ahí, pero del otro lado, sí duele. 
Algo en nosotros nos mira desde fuera y solo ve pedacitos de ser, desarticulados o rotos. En la cara una sonrisa, en el alma un dolor. En los ojos un guiño, en el alma un hondo desencuentro.
Caerse para afuera es hacer experiencia de desamparo, de exilio, de desconcierto, de no ser del todo. 
Caerse para afuera no se da de golpe. El otro lado puede ser tan sutil para abrirse delante, que a veces nos llegamos al borde sin haber advertido peligro; y de un solo movimiento nos descubrimos con el ser estrolado en cualquier piso. 
Caerse para afuera puede ser necesario algunas veces. Pienso, que es casi como esos exilios impuestos que a algunos le hacen abandonar el terruño; y que abren dentro un deseo infinito de volver a la patria. Pocas cosas se valoran tanto, como lo amado, en la distancia. 
Ese deseo es camino de vuelta, es miguita de pan marcando senda, es el eco de las voces amigas llamando por el propio nombre y recordando la identidad más verdadera. 
Si se cae para afuera, sugiero que no desespere: primero identifique los golpes, qué y dónde duele. Después intente poner el alma en pie. No hay apuro, es clave que entienda esto. Cuando pueda se levanta, y también cuando pueda y quiera va volviendo. 
Literalmente, va VOLVIENDO EN SÍ.

(y agrego, que no es lo mismo que volver en "no")

miércoles, 25 de abril de 2018

agradecer..

Desde muy temprano, un día poblado de miradas. Alguien me regala un saludo en abrazo y quizás ni imagina que a esa hora, cuando el día recién está arrancando, ese solo gesto restaura mis impaciencias acumuladas. Las horas abren espacios de compartidas y de proyectos que me gustan, esos que traen su correspondiente cuota de delirio. Sonrío por la complicidad en la locura que descubro a lo largo de este día. Crear entibia el corazón; soñar y compartir lo ponen a punto para vivir lo que queda con la mirada despojada de prejuicios. Es un rato de abandono, de dejar lo razonable a un costado, de jugar el juego que toca. Hoy me gusta, hoy juego sin defensas. Y sigo. En escenas distintas, los mates son protagonistas de la tarde. Los mates como excusa, los mates como previa, los mates como post, los mates en promesa al otro lado del mundo, los mates de una ronda que celebra. La vida se subraya con colores, hay cumpleaños para todos en martes 24. Pastas en italiano. Canciones a pedido. Cuentas regresivas. Gioia, molto benne , y prenotare una camera singola. Me estalla el corazón. No creo mucho en aquello de merecer y no. Afortunadamente, porque si fuera así, me sentiría robando tanto detalle hermoso que ahora me habita sin haber hecho de mi parte nada heroico. Me siento agradecida en formato infinito. Y extraño a mi mamá, mañana la visito. Me voy a dormir, no sin antes agradecer y repasar los nombres de los que hoy estuvieron entramados en mi día.


domingo, 22 de abril de 2018

Transición..

Entre lo invisible y lo visible, hay un espacio para la transición.
Las transiciones son buenas, al menos en mi experiencia. Son tiempos especiales para tenerse más paciencia que nunca. Tiempo para aquietar el corazón, para no tomar decisiones, para mirar tranquilo lo vivido y lo que se desea vivir. 
La transición es un puente que hay que atravesar en un tiempo que va a destiempo de todo lo que veníamos andando e incluso de los pasos que vendrán. Es un momento especial para atendernos los propios latidos, para prestarnos atención a los anhelos más hondos, para sanar los desencantos, para mirarse uno mismo con particular cariño. 
La transición es un andar en una soledad acompañada. Digo que es claramente en soledad porque los procesos que van por dentro nadie más podría vivirlos por uno, por más amor y voluntad que tuvieran otros, no sería posible. 
Pero, pero, pero hay una buena noticia: algunos vienen como quien no quiere la cosa atravesando el puente con nosotros. Y entonces hay un guiño compañero, un gesto cómplice, una palabra oportuna; y entonces hay una risa compartida,  un mate listo, y un abrazo que aliviana el cansancio. 
Se entra al puente, "invisible" quizás en apariencia. Es que necesitamos escondernos del afuera para poder abrir tranquilos lo de adentro, airear un poco y dejar que todo se vaya iluminando nuevamente. 
Y entonces sí: la mirada se despega del piso, y ya no hay ganas de andar ni cabizbajo ni agazapado,  se recupera el porte erguido y el paso a ritmo, y volvemos a ser "visibles".
Recuperamos luz y sentido. La transición nos devuelve nuestro perfume, nuestro modo de respirar, nuestro nombre, nuestros paisajes; y sin darnos cuenta cruzamos entero (y enteros) el puente. 
Cada experiencia-puente es una bendición para el camino; necesaria, vivificante, gestora de un ser cada vez más pleno.
Envueltos en alegría, nos abrazamos a los que venían cerca, cuidando nuestros pasos, sosteniendo con sus miradas y con su propia alegría nuestro ser, incluso sin conocer las luchas interiores que venían dándose en nuestro corazón.

Un puente, un tránsito, SIEMPRE es y será oportunidad de Vivir más plenamente.





miércoles, 21 de marzo de 2018

"durar no es estar vivo ♥, ViViR es otra cosa"

La muerte siempre nos pone de cara a la Vida; nos llena de preguntas necesarias.
Digo que cuando alguien que ha transitado con nosotros algún trecho del camino, llega al final  de su vida, algo dentro se pone en movimiento y nos sacude, nos entristece, nos hace volver la vista a todo lo vivido; y al fondo de la tristeza hace nacer lo más genuino que es la mismísima celebración de la vida. Pone en relieve lo mejor, rescata todo lo bueno, sedimenta las fragilidades y límites que el caminar y los vínculos hayan construido, y saca a flote los recuerdos más hermosos, los más vitales, los más nobles. Me hace pensar que lo más esencial del ser es lo BUENO, que ha de ser eso lo más verdadero, que es un regalo de PAZ asirnos a lo mejor que pudimos compartir.
Ojalá no nos distraigamos del ViViR; del vivir bien, con intensidad, con fuerza, con pasión. Que no se nos "gasten" los días, que redescubramos el regalo que se nos hace cada vez que tenemos la posibilidad de despertar. Ojalá nuestro paso, incluso con todo lo que en nosotros hay de sombra y fragilidad, deje una huella feliz en los que caminaron cerca nuestro. Ojalá cuando nos llegue la hora, haya quien celebre nuestra existencia completa, con todo lo que fuimos.



A Marcela Segura
(en su Pascua)




sábado, 10 de marzo de 2018

De sueños posibles ♥

Cierro los ojos antes de empezar a escribir. 
Me tiembla el corazón, me laten las manos, lloran la memoria y el futuro inmediato condensados en un único instante, por la alegría que desborda ante una verdad que empieza a dibujarse en el paisaje que tengo al alcance de un anhelo/deseo: "no hay sueños imposibles".
Ahora sí. Me tiembla el corazón de felicidad anticipada. No sé explicarlo de otro modo. Hay temblor por dentro, un cimbronazo de alegría, es así.
Supongo que el latir de las manos es el modo que tiene el cuerpo de decirme que con el sueño delante, visible y tangible, ahora hay que hacerse cargo de todo lo que viene con él. Es tiempo de arremangar las ilusiones e ir amasando ya, la forma real de aquello que está dejando el mundo de lo abstracto.
Lloro "a lágrima viva, a chorros", lloro "el sueño", en el decir de Oliverio G.; a moco tendido diré en un tono más familiar. Lloro de increíble, de sorpresa, de demasiado, lloro de complicidad, de amor, de posibilidad. Lloro de POSIBILIDAD, sobre todo, eso.
Hace años (casi 30 ya) tuve un sueño, de esos de ojos abiertos. Quizás uno de mis pocos sueños "materiales". Hasta ahora el sueñito late dentro; ha ido mutando aunque no en esencia, ha ido grabando a fuego algunas motivaciones, se ha despojado de otras; ha ido acompañando etapas e historias, ha provocado algunos pasos personales, ha sido un germen de deseo tan precioso que se me hace que el sueño es a mi corazón (como centro vital) lo que la luna al sol; un satélite que acompaña y brilla con mi mismo vivir, como si no pudiera entenderse mi latir sin este soñar.
Ahora parece que se cumple, que ya "casi", que la espera me tiende un puente para que al fin "sea". 
Así como cuando se lanza una piedra al agua, van  dibujándose círculos cada vez más grandes de alegría expansiva y compartida con aquellos que ya van siendo parte de la sorpresa-noticia. Y soy feliz también por eso, por descubrir que hay otros, muchos, celebrando conmigo lo posible. Y lo quiero agradecer con el corazón así, explotado, tembloroso, emocionado y feliz, porque las personas que hacen fiesta, son las mismas que sostuvieron la esperanza en estos años, los que me anunciaron muchas, muchas veces, que habría un tiempo oportuno también para mí.

Entonces, un dia de estos...
                                   ME VOY A ITALIA!!!!!









lunes, 1 de enero de 2018

Felíz.

"...se tiene el corazón que se trae por defecto, así como Aquiles por su talón es Aquiles" (Drexler)



Ayer y hoy sobreabundaron las palabras ÚLTIMO, PRIMERO, VIEJO, NUEVO, FIN.. Casi todos nuestros deseos y encuentros de estos días llevaron alguna de estas prendidas en el ojal del decir. Me di cuenta esta tarde, y no es que haya sido ninguna iluminación maravillosa, pero esta vez lo dicho tuvo su peso: marcar ciclos, etapas, cambio, trayecto, recorrido, metas, propósitos. Todo muy entramado; incluso si no hubiera uno escrito balance ni listado de objetivos a cumplir.
Hay deseos renovados, hay oportunidad de recrearse, de barajar y dar de nuevo si fuera necesario o de imprimirle novedad y recuperarle valor a lo que se viene viviendo.
Pero uno es el mismo, el de siempre, el de la noche vieja. Y aunque por delante los mapas o calendarios se abran en plena posibilidad de hacer historia, se va con lo puesto, con lo que se es, con la pre-historia, con lo aprendido, con lo intentado, con los procesos a medias, con alguna carga de frustración, con la fe tambaleante o no, con los aciertos, con tanta necesidad de esperanzarse hasta la médula, con el mismísimo corazón de siempre.
A la primera que lo digo es a mí misma. No sucederá nada mágico: habrá que seguir revisando-se, aprendiendo-se, construyendo-se. Habrá que entregarse a la experiencia de vivir en fidelidad a lo que el corazón y el pensar nos van marcando; apacentar las ansias frente a tantas cosas, decirse -alma adentro- el credo que no vacila, lo que en verdad creemos, y repetirlo como si en ese eco se asentara todo lo demás.
En esa fe se anuncia nuestro norte; y después sí, con todo lo que somos y no con otra cosa, caminar y hacer historia. Con otros. 
Me gusta desearnos felicidad y plenitud, de corazón. Como si no hubiera otra posibilidad para transitar lo propio. Y además como si no fuera posible evadir el compromiso a que a todos nos vaya bien. ¡Feliz año! -digo- y pienso que deberé hacer lo que esté a mi alcance para que ese deseo se cumpla en mí, en vos, en nosotros.

Allá vamos una vez más..

sábado, 30 de diciembre de 2017

Tiempo.


El tiempo siempre es una oportunidad y  cada segundo cuenta. Seamos concientes de esto o no. El tiempo medible, la vida en sus tramos finitos y ordenados en minutos, en días, en meses, en años nuevos; nos va proponiendo experiencias únicas con las que aprender a vivir.

Un año es una buena medida para tomar el pulso de la propia historia, y mirar-se, y ver si uno está yendo para donde quiere/debe/sueña... ir.

A veces las instancias de aprendizaje son dolorosas, a veces felices, a veces quedan bien separadas unas de otras, y mayormente vienen en un "todo junto" inseparable. Entonces la vida y la muerte se entrecruzan, el amor y las desilusiones se dan la mano, las distancias y las presencias se van alternando con una sincronicidad que maravilla o asusta según el caso, los fracasos y los nuevos intentos marchan por los mismísimos carriles prácticamente uno al lado del otro.

Para los que queremos vivir abiertos, des-corazados, corazonando casi todo sino todo; para los que no soportamos estar frente al mar y solo mojarnos la punta de los pies cuando es posible sumergirse entero; para los que no nos es opción rendirnos por oscuros que se presenten los paisajes; un año nuevo es la continuidad de todo lo que ya se viene viviendo pero con una ilusión renovada; con la fe ciega en esos "tiempos oportunos" que van a sorprendernos en medio de relojes y almanaques y que no podremos medir, y que no podremos calcular, y que no podremos más que agradecer y celebrar. Y los habrá. Tiempos que nos unen con hilos invisibles a lo eterno, a lo insondable, a lo que no está en nuestras manos.

Un tiempo para transcurrir y andar, y un tiempo para esperar.

Desearnos cosas buenas, y no solo eso, decirnos universalmente "Feliz año" con convicción en el deseo, no puede dejarnos igual. Vamos a comenzar de nuevo, vamos a atravesar el tiempo, a ponernos en movimiento vital hacia aquello que soñamos y creemos, vamos a proponernos ir atentos otra vez, vamos a permitirnos la esperanza, vamos a organizarnos por dentro para soltar lo que ya no ha de seguir con nosotros, vamos a perdonar y perdonarnos, vamos a dejar-nos vivir... vamos a dejar-nos Vivir. 

¡Feliz Año Nuevo para todos!




sábado, 4 de noviembre de 2017

SALIR / ENTRAR...

Son días en los que lo más frágil de la vida se me pone entre manos, dónde lo injusto se va deshojando cerca mío para que lo VEA, para que abra los ojos; días para que la ternura se vuelva obligatoria sin segundas opciones; días para amar a contracorriente; días para que ese amor tome las formas de la paciencia y el silencio a veces, y de la voz en alto y la denuncia otras tantas. Días así, que nos atraviesan por completo si somos permeables, si nos dejamos a la intemperie de lo que otros viven, abandonando nuestro propio refugio (que es el propio vivir, con todo lo lindo y con todo lo que nos cuesta).

En esto último me había quedado. No diré nada muy luminoso, y lo anuncio ahora para que -si llegaste hasta acá- no deposites muchas expectativas en este post.

Esto de estar a la intemperie, casi como decir dejándose empapar por la VIDA de los otros, abiertos a la historia, descentrados del propio ombligo; debería ser -según lo veo- algo imprescindible. Digo que nadie debería estar tranquilo en su bonita vida si le está tocando atravesar una etapa así, ni amargado o preocupado de más -otra vez, por su propia vida- si es que transcurre una mala temporada.

SALIR. Esa es una buena clave. Salir y ver. Salir y conmoverse. Salir y celebrar. Salir y tomar dimensión de cuántas cosas se viven fuera de uno mismo. Y no quedarse en eso pués.
ENTRAR. Volver con todo eso a la verdad del corazón adentro. Desempacar sobre la mesa de entrada lo recogido en la experiencia del "afuera", y mirar con atención y corazón. (insisto con ♥) Verá que seguramente sienta deseos de abrazar la historia de otro, sienta tristeza verdadera por el dolor ¿ajeno? y alegría profunda por la realización o felicidad de algunos. Necesidad de rezar.
SALIR. Otra vez, claro, infinitas veces. Habrá limpiado la mirada y casi seguro, las propias cuestiones habrán ido encontrando cauce y respuesta. Quizás haya una nueva comprensión de las cosas, novedad en los encuentros, sacudón profundo a todo lo que arrastra la costumbre y la rutina.Y mirada en Alto, a esa dimensión que nos imana hacia arriba y nos mantiene erguida el alma.
ENTRAR. Siempre. Habrá recreado la valoración del propio mundo, no digo por contraste relacionado a lo mejor o peor que ha visto fuera; sino por la oportunidad de pararse de un modo distinto frente a las cosas que tocan vivir. 

Entrar y salir son los movimientos; uno mismo y los otros en su mismidad, los lugares. Y toda la vida entramada en ese recorrido y en ese modo de latir: sístole y diástole del pulso de Vivir y que valga la pena.




domingo, 17 de septiembre de 2017

Un pensamiento.


Vea, usted puede ser una buena persona; pongamos que lo es sin duda alguna. 
Puede ser alguien noble, leal, franco, sensible, lúcido, auténtico, y muchos etcétera que a cada quien se le ocurrirán ahora mismo.
Eso no lo dejara exento de ser despreciado por otro, no querido, criticado, abandonado, lastimado, no valorado, no agradecido, y aquí de nuevo todos los etcétera que se nos ocurran. 
Y viceversa: puede ser un verdadero cretino -también pongamos que lo es sin ninguna duda- y ser adulado por muchos, genuinamente amado, respetado, etc.

Hay temporadas en que esto último hace fuerza por definirnos (las consideraciones de los demás, las miradas y gestos con que van afirmando o negando lo que somos) o al menos si no nos definen del todo, nos condicionan. 
Otras en cambio, tenemos la claridad suficiente para comprender que lo que al otro le pasa, lo que el otro hace o deja de hacer, lo que el otro quiere o no quiere dar, lo que el otro piensa o deje de pensar, simplemente pertenecen al mundo de ese otro y no al nuestro.
Estamos rodeados de otros, y a la vez estamos solos. No en un sentido de soledad doliente ni temible. Digo, esa otra soledad que nos unifica, que dice de nosotros, que se vuelve remanso para seguir viviendo-siendo, para "vernos" de verdad, para nombrarnos, para decirnos quienes somos, soledad que nos espeja sin trampas, sin maquillajes, sin engaño posible. Esa soledad con la que llegamos al mundo, la misma con la que partiremos de él. Y con menos conciencia  tantas veces, la mismísima soledad que nos deja cara a cara con lo más profundo y Original de nuestro ser, a lo largo de toda la vida.
Ojalá ganemos mucha libertad en esto. Que nuestra soledad sea el pozo profundo en donde todos nuestros vínculos se nutran. Que las desilusiones no nos cierren los caminos de encuentro. Que vivamos en verdad. Que no dejemos de creer en el otro. Que no dejemos de creer en nosotros.
Que no dejemos de creer.


viernes, 1 de septiembre de 2017

Único en el mundo...

"...mi hermano del alma, realmente mi amigo..."

"De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
-Ciertamente -dijo el zorro.
– Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zoro- he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado."


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