jueves, 5 de julio de 2018

VOLVIENDO ♥



Hace exactamente un mes me encontraba sobrevolando el camino de regreso a casa, después de haber estado absolutamente sumergida en el corazón de un sueño.  
Cuando se me pregunta por el viaje, debo decir que me cuesta bastante el relato. 
Digo, puedo contar de algunos paisajes-lugares que conocí con una mirada casi de turista, pero eso no da cuenta precisa de lo vivido, ni siquiera se aproxima.
Es una de las experiencias más hermosas que he tenido hasta hoy; y sea por la expectativa que traía después de haberlo deseado tanto o sea porque esa expectativa fue superada de manera infinita, las palabras (todas, las que puedo, las que me salen) no le hacen justicia a lo que fue atravesando el corazón por esos días.Me he sentido inmensamente feliz,  quizás baste con que lo exprese así, con esta simpleza, con esta verdad. 

Hay Amigos, así en mayúsculas, que han velado mis sueños y han cuidado mi corazón de un modo hermoso y delicado desde antes; y en esos días de paraíso, desde la otra orilla del sueño, han estado a la espera dispuestos a una bienvenida tan amorosa y a un abrir de par en par su casa y su andar cotidiano, para que además de amigos, los sepa hermanos, los reconozca una vez más, "familia".

Italia estuvo invadida de sorpresas a la vuelta de todas las miradas. El corazón desbordando, así lo he sentido. En mi adentro las palabras en eco han dicho muchas veces, al menos dos o tres veces al día durante toda la estadía: "no lo puedo creer...qué increíble". En un todavía más adentro: un repetido "GRACIAS" ha ido acompasando los latidos del cuore y los suspiros interminables.
Llorar es hermoso cuando es expresión de la alegría en desmesura. He sentido salirse-me el alma por la garganta en un canto; y volver el eco en una vibración cargada de Misterio, volviéndose un abrazo insondable en el que quedaré cobijada para siempre.
La conciencia de ser muy amada, de ser bendecida, de estar inmersa en una oleada de privilegios a los que no he tenido más que hacer, que rendirme humildemente y aceptar todo regalo, dejando a un lado toda apreciación de merecimiento o no.
 Lo que he recibido ha sido enteramente -en el cariño, en la voluntad de acogida, en el deseo de compartir, en los gestos pequeños y grandes- el corazón entero de aquellos con quienes he podido estar: mis Amigos de siempre, mis compañeros providenciales de viaje, mis nuevos amigos, la familia (salesianos) que nos ha recibido en cada casa, en cada lugar.

Hace un mes, empezaba la vuelta. Ahora sé que no hay modo de volver del todo. Que dentro mío han quedado escritas para toda la vida, páginas en letras de oro.
Ahora sí, como quien desarma las valijas al regreso, empiezo a compartir algunos pasos del camino...

(continuará)



sábado, 23 de junio de 2018

TESORO.


Escribir a veces es experiencia de "soltar", debe ser por eso que todavía no había podido sentarme a poner palabras a la parte más especial del viaje a Italia. Como si intuyera que en este movimiento habré terminado de volver. (aunque llevo varios días ya en mi casa). 
El relato del viaje a Italia que quedará para siempre grabado en mí, está lleno de nombres, de emociones, de sorpresas; de gestos tan amorosos que es imposible no sentirse una Hija Predilecta de una vez y para siempre; de una alegría tan desbordante que deberé defender contra viento y marea porque es un tesoro, y allí querrá estar mi corazón. 

¿Qué dicen de mí los lugares que ahora habito? 
¿Qué canta dentro el corazón cuando me siento y me sé tan acogida, tan bienvenida, tan esperada?
¿Cuál es el secreto para saberme tan en casa ahora que estoy más lejos de casa que nunca?
¿Qué es "estar en casa"?
¿Quién soy en medio de esta felicidad que me desborda?
¿Qué es este deseo de ser parte, este tan sentirme en mi familia?
¿Por qué a mí este regalo infinito de paz que recibo?
¿De dónde esta exageración de esperanza que ahora me inunda?

Mi corazón así de desbocado, de apasionado, de esponjoso, quiere ir pulsando el propio relato de viaje, y hay mucho que no sé ahora cómo escribir. No se inventan las palabras todavía, pero han de parecerse bastante a paraíso. 
Digo, soy una persona muy querida, así me siento. Y no es nueva la experiencia de recibir tantísimos detalles de cariño y de presencia en lo cotidiano; pero ahora los detalles aparecen tan... transfigurados, que toco y veo, y siento tal plenitud en el corazón, que me sé absolutamente Amada. Y en esa novedad de AMOR, mis amigos más queridos, el sueño que me trae hasta acá, toda la prehistoria en camino a este viaje, mi familia y mis hijas alentando y acompañando, las otras personas que son capaces de asomarse a esta alegría y celebrarlo conmigo, los desconocidos que van entrando a escena para quedarse invitados al sueño en formato familia-amigos nuevos... TODO, TODO, TODO se impregna de una Belleza tan única que es casi imposible no sentir en el centro mismo del deseo: qué bien estamos acá, qué bien estoy, hagamos carpas, quiero quedarme para siempre.

¿Dónde quiero quedarme?
¿Cuál es el "lugar  existencial" en el que quiero/anhelo permanecer?
¿De dónde la nostalgia en el regreso?

Hay que volver, y volver feliz. Hay un Sagrario en el propio corazón en dónde todo lo vivido, rezado, celebrado, está al borde de nosotros mismos y a la vez del Infinito.

Hace unos años, después de una charla linda con mi amigo Horacio, escribí un pequeño poema. Ahora mismo me vuelven esas palabras. Cuando el Infinito nos alcanza, cuando nos dejamos alcanzar así; el regalo es  experiencia de cielo o de mar, que a veces me parecen casi lo mismo.

La eternidad nos cruza en algún punto
nos hace uno con ella y entendemos
que el tiempo cabe todo en un segundo
que la vida es una suma de momentos.

De pronto una verdad se nos revela
la inmensidad nos roza y nos envuelve,
como el mar que comienza en lo lejano
y suave espuma a nuestros pies se vuelve.

Se convierte en tangible lo infinito
y lo que era inalcanzable nos alcanza.
Nos confirma el cielo este secreto:
a la vez que intocable nos abraza.


Mi sueño inmenso estaba escondido y cobijado en el Sueño de Dios, de dimensiones infinitas. ¡Que detalle Señor has tenido conmigo!





lunes, 18 de junio de 2018

Enamorarse en Italia.

Postales del viaje, corazón adentro.

En los días previos a la despedida, muchos me dijeron que quizas en el viejo continente conocía a alguien y mi vida cambiaba. No es que necesite que mi vida cambie tanto, la verdad es que estoy siendo más que bastante feliz así como vivo, pero el deseo/pronóstico de algunos se cumplió. Debo confesarlo: me enamoré en Italia.

Por razones de idioma no nos entendemos inmediatamente. Hay que cruzar un puente. De pronto deseo como nunca entender, animarme a hablar aunque sea rústicamente, me apuro a aprender lo más posible minuto a minuto. Hago un profundo ejercicio de escucha, no porque sea difícil esta vez, sino porque me invade un intenso deseo de oir, de dejarme alcanzar por las palabras, por las historias, por los recuerdos de otro. 
Redescubro el verdadero valor del gesto, tan cargado de presencia, de voluntad de acercarse, de ternura. Alguien pregunta cómo estoy,  me invita una copa,  me lleva hasta lo más alto de un sitio para mostrarme a ventanas abiertas la dimensión de los sueños que traía en el alma, y que ahí mismo se hacen paisaje espejado en las pupilas. Alguien dice con tantísima dulzura "sono contento", y me atraviesa con sus ojos de cielo, aventurando un guiño que me hace tocar la verdad de esa alegría; y comulgamos felicidad, simplemente por la novedad de compartirnos.
Después caminamos juntos, lento, a mí que suelo andar con más prisa que la debida, me ayuda a comprender cuánto vale cada paso, con todo lo que se disfruta y con todo lo que cuesta. Caminar juntos tiene casi todas las lecciones del amor compactadas en pocos metros: nos sostenemos, nos acompañamos, nos esperamos, miramos por los ojos del otro,  acompasamos los pasos, nos invitamos a mirar, nos escuchamos, compartimos también algún silencio. 
En italia me volví a enamorar del VIVIR, por muchas cosas; pero muy especialmente por un muchacho de 94 años, con todo el futuro por delante, lleno de proyectos, dispuesto a la espera en algunas cosas que no se resuelven todavía, tan dispuesto a la esperanza. "En la vida hay que probar cosas nuevas"-dice- y toma por primera vez un mate. Y a mí me enciende dentro una fuerza tremenda, unas ganas de vivir inmensas; y es que alguien que lleva transcurridos casi 100 años y está abierto a vivir como si tuviera otros 100 años por delante es un testimonio precioso de plenitud, de amor por la vida, de gozo por vivir. Y contagia. Y sella en los ojos y en el alma de quienes somos un poco testigos ahora, un milagro: volvemos a nacer. Estábamos distraídos y conformes, y ahora queremos vivir más de verdad. No vamos a deshacernos de nada de lo que nos trajo hasta acá. Nos abrazamos con la historia completa, nos celebramos el recorrido, y nos prometemos VIVIR un poco más "en serio" en adelante. Que parece que es bastante más simple de lo que creíamos. 
Gracias Renato Celato por enamorarme de la vida; creo que de eso se trata el amor, de que alguien nos descubra el corazón y nos inunde de deseos de vivir y de ser a cada paso nuestra mejor versión.

Ahora entendí que es SER JOVEN de ♥
Y el relato va en presente porque intuyo que ese es el secreto para tener tanta historia y tantos proyectos a la vez: ViViR viviendo; estar dónde se está; amar lo que ya está ahí para nosotros.

martes, 12 de junio de 2018

DESPEGAR.

Con mi amiga-hermana; a Italia.
Levantamos vuelo. Estar literalmente en el aire trae consigo una inmediata sensación de vértigo. Ahora es confiar, dejarse llevar, y listo. 
Despegamos. Dejamos abajo lo nuestro: familia, casa, lugares. Nos vamos con nosotros mismos y algo de equipaje.  Un nosotros cargado de ilusión y de un gran vacío que apuramos a abrir dentro para dejarnos habitar por la novedad. 
Despegamos de la rutina, de los cansancios, de nuestros amores, de los espacios que habitualmente disfrutamos; y también de cada lugar, persona, movimiento o experiencia que en este tiempo nos regalaron agobio o pena. 
Despegamos para volver, como alguien profetizó en la despedida, siendo los mismos pero a la vez otros.
En el aire se piensa, particularmente se piensa en todo lo que escapa al propio control. Se piensa en la muerte, en los "que pasaría si"... Una turbulencia nos alerta, nos pone en guardia. "-No pasa nada, ya pasa"- nos decimos como si fuésemos niños ahuyentándonos los miedos.
En el aire se piensa en los sueños y en la metáfora de volar: "deja volar tus sueños" -dicen- y eso ha de significar quizás que dejemos que ellos atraviesen los miedos, que se llenen de vértigo, que abandonen lo seguro, que tomen perspectiva, que despeguen para volver y hacerse nuevos siendo los mismos.

Que los buenos sueños despeguen y se sepan bienvenidos donde vayan, que sean soltados a vuelo rodeados de amor y buenas intenciones.
Que despeguen, vamos detrás de ellos. 
Que nos reciban y abracen cuando toque aterrizar.
Que comience el juego. 

(escrito en el aire)



domingo, 10 de junio de 2018

TIEMPO.


Hay un Tiempo.
Un tiempo para el sí, para el regalo, para el sueño que se hace vuelo, primero, y luego pies en tierra.
Hay un tiempo para llegar, para ser bienvenido entero en un abrazo que sostiene toda la vida.
Para arribar a un Sueño, para -entre la incredulidad y la maravilla- saberse un ser privilegiado, amado de un modo desmedido, mimado con detalles de una delicadeza deslumbrante.
Hay un tiempo para transitar liviano, para dejarse llevar, para ir casi sin planes, de sorpresa en sorpresa.
Un tiempo para saberse y confesarse feliz abiertamente.
Hay un tiempo para reencontrarse, para mirarse en otros ojos, para reconocerse y reconciliarse en la historia completa.
Un tiempo para celebrarse el vivir, para agradecer cada tramo del camino, para mirarse restaurado y volverse canto nuevo.
Hay un tiempo para señalar comienzos.
Hay un tiempo presente para los sueños infinitos.

(volviendo de a poco el ♥... ITALIA es y seguirá siendo mi propia Ítaca)

jueves, 3 de mayo de 2018

Caer para afuera..


A veces caemos para afuera. Quedamos por un rato o una temporada ajenos a nosotros mismos. 
El cuerpo se vuelve cáscara, máscara, casa deshabitada. No nos atormenta ese vacío porque no estamos en verdad ahí, pero del otro lado, sí duele. 
Algo en nosotros nos mira desde fuera y solo ve pedacitos de ser, desarticulados o rotos. En la cara una sonrisa, en el alma un dolor. En los ojos un guiño, en el alma un hondo desencuentro.
Caerse para afuera es hacer experiencia de desamparo, de exilio, de desconcierto, de no ser del todo. 
Caerse para afuera no se da de golpe. El otro lado puede ser tan sutil para abrirse delante, que a veces nos llegamos al borde sin haber advertido peligro; y de un solo movimiento nos descubrimos con el ser estrolado en cualquier piso. 
Caerse para afuera puede ser necesario algunas veces. Pienso, que es casi como esos exilios impuestos que a algunos le hacen abandonar el terruño; y que abren dentro un deseo infinito de volver a la patria. Pocas cosas se valoran tanto, como lo amado, en la distancia. 
Ese deseo es camino de vuelta, es miguita de pan marcando senda, es el eco de las voces amigas llamando por el propio nombre y recordando la identidad más verdadera. 
Si se cae para afuera, sugiero que no desespere: primero identifique los golpes, qué y dónde duele. Después intente poner el alma en pie. No hay apuro, es clave que entienda esto. Cuando pueda se levanta, y también cuando pueda y quiera va volviendo. 
Literalmente, va VOLVIENDO EN SÍ.

(y agrego, que no es lo mismo que volver en "no")

miércoles, 25 de abril de 2018

agradecer..

Desde muy temprano, un día poblado de miradas. Alguien me regala un saludo en abrazo y quizás ni imagina que a esa hora, cuando el día recién está arrancando, ese solo gesto restaura mis impaciencias acumuladas. Las horas abren espacios de compartidas y de proyectos que me gustan, esos que traen su correspondiente cuota de delirio. Sonrío por la complicidad en la locura que descubro a lo largo de este día. Crear entibia el corazón; soñar y compartir lo ponen a punto para vivir lo que queda con la mirada despojada de prejuicios. Es un rato de abandono, de dejar lo razonable a un costado, de jugar el juego que toca. Hoy me gusta, hoy juego sin defensas. Y sigo. En escenas distintas, los mates son protagonistas de la tarde. Los mates como excusa, los mates como previa, los mates como post, los mates en promesa al otro lado del mundo, los mates de una ronda que celebra. La vida se subraya con colores, hay cumpleaños para todos en martes 24. Pastas en italiano. Canciones a pedido. Cuentas regresivas. Gioia, molto benne , y prenotare una camera singola. Me estalla el corazón. No creo mucho en aquello de merecer y no. Afortunadamente, porque si fuera así, me sentiría robando tanto detalle hermoso que ahora me habita sin haber hecho de mi parte nada heroico. Me siento agradecida en formato infinito. Y extraño a mi mamá, mañana la visito. Me voy a dormir, no sin antes agradecer y repasar los nombres de los que hoy estuvieron entramados en mi día.


domingo, 22 de abril de 2018

Transición..

Entre lo invisible y lo visible, hay un espacio para la transición.
Las transiciones son buenas, al menos en mi experiencia. Son tiempos especiales para tenerse más paciencia que nunca. Tiempo para aquietar el corazón, para no tomar decisiones, para mirar tranquilo lo vivido y lo que se desea vivir. 
La transición es un puente que hay que atravesar en un tiempo que va a destiempo de todo lo que veníamos andando e incluso de los pasos que vendrán. Es un momento especial para atendernos los propios latidos, para prestarnos atención a los anhelos más hondos, para sanar los desencantos, para mirarse uno mismo con particular cariño. 
La transición es un andar en una soledad acompañada. Digo que es claramente en soledad porque los procesos que van por dentro nadie más podría vivirlos por uno, por más amor y voluntad que tuvieran otros, no sería posible. 
Pero, pero, pero hay una buena noticia: algunos vienen como quien no quiere la cosa atravesando el puente con nosotros. Y entonces hay un guiño compañero, un gesto cómplice, una palabra oportuna; y entonces hay una risa compartida,  un mate listo, y un abrazo que aliviana el cansancio. 
Se entra al puente, "invisible" quizás en apariencia. Es que necesitamos escondernos del afuera para poder abrir tranquilos lo de adentro, airear un poco y dejar que todo se vaya iluminando nuevamente. 
Y entonces sí: la mirada se despega del piso, y ya no hay ganas de andar ni cabizbajo ni agazapado,  se recupera el porte erguido y el paso a ritmo, y volvemos a ser "visibles".
Recuperamos luz y sentido. La transición nos devuelve nuestro perfume, nuestro modo de respirar, nuestro nombre, nuestros paisajes; y sin darnos cuenta cruzamos entero (y enteros) el puente. 
Cada experiencia-puente es una bendición para el camino; necesaria, vivificante, gestora de un ser cada vez más pleno.
Envueltos en alegría, nos abrazamos a los que venían cerca, cuidando nuestros pasos, sosteniendo con sus miradas y con su propia alegría nuestro ser, incluso sin conocer las luchas interiores que venían dándose en nuestro corazón.

Un puente, un tránsito, SIEMPRE es y será oportunidad de Vivir más plenamente.





miércoles, 21 de marzo de 2018

"durar no es estar vivo ♥, ViViR es otra cosa"

La muerte siempre nos pone de cara a la Vida; nos llena de preguntas necesarias.
Digo que cuando alguien que ha transitado con nosotros algún trecho del camino, llega al final  de su vida, algo dentro se pone en movimiento y nos sacude, nos entristece, nos hace volver la vista a todo lo vivido; y al fondo de la tristeza hace nacer lo más genuino que es la mismísima celebración de la vida. Pone en relieve lo mejor, rescata todo lo bueno, sedimenta las fragilidades y límites que el caminar y los vínculos hayan construido, y saca a flote los recuerdos más hermosos, los más vitales, los más nobles. Me hace pensar que lo más esencial del ser es lo BUENO, que ha de ser eso lo más verdadero, que es un regalo de PAZ asirnos a lo mejor que pudimos compartir.
Ojalá no nos distraigamos del ViViR; del vivir bien, con intensidad, con fuerza, con pasión. Que no se nos "gasten" los días, que redescubramos el regalo que se nos hace cada vez que tenemos la posibilidad de despertar. Ojalá nuestro paso, incluso con todo lo que en nosotros hay de sombra y fragilidad, deje una huella feliz en los que caminaron cerca nuestro. Ojalá cuando nos llegue la hora, haya quien celebre nuestra existencia completa, con todo lo que fuimos.



A Marcela Segura
(en su Pascua)




sábado, 10 de marzo de 2018

De sueños posibles ♥

Cierro los ojos antes de empezar a escribir. 
Me tiembla el corazón, me laten las manos, lloran la memoria y el futuro inmediato condensados en un único instante, por la alegría que desborda ante una verdad que empieza a dibujarse en el paisaje que tengo al alcance de un anhelo/deseo: "no hay sueños imposibles".
Ahora sí. Me tiembla el corazón de felicidad anticipada. No sé explicarlo de otro modo. Hay temblor por dentro, un cimbronazo de alegría, es así.
Supongo que el latir de las manos es el modo que tiene el cuerpo de decirme que con el sueño delante, visible y tangible, ahora hay que hacerse cargo de todo lo que viene con él. Es tiempo de arremangar las ilusiones e ir amasando ya, la forma real de aquello que está dejando el mundo de lo abstracto.
Lloro "a lágrima viva, a chorros", lloro "el sueño", en el decir de Oliverio G.; a moco tendido diré en un tono más familiar. Lloro de increíble, de sorpresa, de demasiado, lloro de complicidad, de amor, de posibilidad. Lloro de POSIBILIDAD, sobre todo, eso.
Hace años (casi 30 ya) tuve un sueño, de esos de ojos abiertos. Quizás uno de mis pocos sueños "materiales". Hasta ahora el sueñito late dentro; ha ido mutando aunque no en esencia, ha ido grabando a fuego algunas motivaciones, se ha despojado de otras; ha ido acompañando etapas e historias, ha provocado algunos pasos personales, ha sido un germen de deseo tan precioso que se me hace que el sueño es a mi corazón (como centro vital) lo que la luna al sol; un satélite que acompaña y brilla con mi mismo vivir, como si no pudiera entenderse mi latir sin este soñar.
Ahora parece que se cumple, que ya "casi", que la espera me tiende un puente para que al fin "sea". 
Así como cuando se lanza una piedra al agua, van  dibujándose círculos cada vez más grandes de alegría expansiva y compartida con aquellos que ya van siendo parte de la sorpresa-noticia. Y soy feliz también por eso, por descubrir que hay otros, muchos, celebrando conmigo lo posible. Y lo quiero agradecer con el corazón así, explotado, tembloroso, emocionado y feliz, porque las personas que hacen fiesta, son las mismas que sostuvieron la esperanza en estos años, los que me anunciaron muchas, muchas veces, que habría un tiempo oportuno también para mí.

Entonces, un dia de estos...
                                   ME VOY A ITALIA!!!!!









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