martes, 21 de enero de 2014

AMAR la REALIDAD


Me hablás de sueños, de ilusiones a lo grande, y yo te escucho como si me escuchara a mí misma hace 10 años (a mis 30)

No es que haya dejado de creer en los sueños, en las ilusiones, ni en el "vuelo" que a veces es necesario animarse a intentar. Ni que no haya ganado a esta altura cierta experiencia en esto de aprender a caer; llevo algunos machucones interesantes en mi haber.

Pero ahora, y desde hace un tiempo ya, aunque puede parecer algo drástico cuando lo expreso, intuyo que le había puesto demasiada expectativa a la vida. Demasiado "vuelo". Quiero decirte, por si esto te generara alguna duda, que amo vivir, soy enamorada de la vida que vivo -incluso con sus dolores y los imprevisibles que a veces me han quitado el sueño y la alegría- pero creo que voy abandonando aquellos "mundos ideales"  que me tenían por los aires, para empezar a dar lugar al mundo real.

Esta viñeta con la que me encontré hoy de casualidad, me hizo un poco de "ruido" dentro. Creo que no estoy demasiado de acuerdo con el final: vivir en el suelo, no se me hace NADA aburrido. Los pies en la tierra, "estamos hechos para caminar" -como me dijo mi amigo- Aburrido será si me echo al píso con brazos tendidos-rendidos y me quedo inmóvil al lado del camino. Pero no es eso lo que siento vivir este tiempo. 

Un llamado claro, sereno, lindo a vivir más en contacto con la realidad que me toca, con lo que Dios mismo me va poniendo entre manos, con lo que mis ojos pueden contemplar-descubrir en lo inmediato. Caminar a conciencia del suelo que piso, amar este camino que atravieso, descubrir los compañeros de ruta que tantas veces se me dan en regalo inmenso, inmerecido, gratis.

Vivir en el suelo no aburre, no. Vivir en el suelo, dispuesto a andar, sabiendo que hay momentos para el descanso, haciendo experiencia de recorrido en distintos paisajes cotidianos, asumiendo el desafío de lo imprevisto, de lo que se vuelve escollo; tocando-viendo-gustando el vivir, no podría ser más invitador a la esperanza y a dejarse sorprender.

Des-idealizar los caminos.
Quizás sentirse REAL-izado tenga algo que ver con esto: aprender a gustar y gozar la realidad que se nos da a vivir. Gozar la realidad que habitamos.



2 comentarios:

mariana dijo...

sin dudas el espiritu santo obra en ti día y noche :)

Analía dijo...

obra en todos, no? a veces no estoy tan segura de que sea muy evidente en mí, pero aunque no se note tanto lo CREO.
Dios no se cansa de re-crearnos!

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