miércoles, 9 de junio de 2010

De lo impredecible...

¿En qué lugar se alojan la mayor parte de mis miedos?
¿Cómo voy eligiendo mi manera de vivir?
¿Qué busco y desde dónde?
¿Cuáles son mis alegrías más profundas y cuáles mis preocupaciones?

Puedo seguir agregando preguntas, y todas terminan casi en un mismo lugar, en una misma fuente de respuesta: lo impredecible.
Ahí se responden mis miedos. Lo impredecible me asusta las más de las veces, me desconcierta no poder asir con fuerza seguridades en el camino, en las relaciones, en las situaciones cotidianas, en los proyectos, hasta en las ideas se me hace a veces imprescindible adivinar dónde terminarán.
¿Y mi manera de vivir? Es que me pregunto si en verdad confío en el camino que se abre, lleno de sorpresas y cosas que no se pueden predecir ni manejar. Porque si confío verdaderamente en que Dios me pondrá en el camino todo cuanto necesito, y en que todo está bien así, debería al fin abandonarme en sus manos igual que abandonar los pesares o preocupaciones que amenazan, a veces, quitarme la paz.

Preguntas en voz alta, nomás eso.



5 comentarios:

Teresa dijo...

Tienes razón, Analía. A mí me pasa igual. Aunque me digo a mí misma ¡confío en ti, Dios mío! de vez en cuando me asaltan miedos, dudas ante lo que ha de venir a mi vida. Quisiera, como una niña, mirar por un agujerito y adivinar qué pasará dentro de 1, 2, 4 años... y entonces ¡qué fácil sería confiar!, pero ¡ay, eso tiene trampa, no vale!. A veces pienso que somos como niños que comenzamos a nadar, temerosos y queriendo "nadar y guardar la ropa". Él nos espera en la otra orilla para abrazarnos desnudos -de nuestras falsas seguridades- y ofrecernos lo único cierto: Su Amor sin límites. Un abrazo.

hna. josefina dijo...

Pablo nos dice: "Sé en quién me he confiado".
Tal vez nos lleve la vida ir creciendo en esta confianza, pero realmente creo que es la verdadera. Claro como que es un modo de la Esperanza, virtud teologal.
Y estas virtudes son don... ¿no será lo mejor poner el empeño en abrirse al Don? Y un día nos encontramos confiando realmente.
Y tal vez haya que volver a empezar muchas veces, pero vale la pena.
Ése es el camino ¿no te parece?
¡Un abrazo!

Analía dijo...

teresa...Josefina...
sus ecos llegan con fuerza para acentuar aún más la invitación a confiar que siento (aún cuando cueste a veces)

Y sí "aunque haya que volver a empezar muchas veces"...
Abrazo grandote para las dos!

Patricia Jáuregui dijo...

Pienso que confiar no significa dejar de ser humanos y que abandonarse en las manos de Dios no significa dejar de sentir miedo. Mas bien entiendo que significa, no perder la paz interior al ser como niños pequeños que unas veces corremos a refugiarnos en los brazos de nuestro Padre mientras le confiamos cómo nos sentimos, qué es lo que nos asusta y otras corremos a ampararnos bajo el manto de María, Nuestra Madre, abriéndo nuestro corazón a la gracia y poniendo todo lo que esté de nuestra parte para discernir cada paso en este humano peregrinar.
(HERMOSO BLOG, FELICIDADES!!!!)

Vivi dijo...

Que dificil no caer en esto!! Es lo peor! No poder controlar el camino!! Lo impredecible!!

Y como cuesta abandonarse a Dios, que nos cuida, nos guia y nos enseña en cada paso!!

Pero bueno, al menos verlo es un avance!! La vida es impredecible y hay que aprender a vivir con ella... y a confiar en Dios plenamente!!

Besos

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