domingo, 5 de mayo de 2024

En la noche..

 Las luces se esfuman y todo alrededor pierde forma, perfil, realidad. Todo se desvanece. Nos gana la tristeza, la nostalgia por lo que teníamos y ya no está; nos abruma la condición de ceguera externa, este "no ver" que nos deja perdidos y asustados, incomprendidos y en una soledad que aunque no es real se vive como si lo fuera.

La noche nos aturde por efecto de vacío, nos impone quietud a cuenta de supervivencia, al tiempo que nos agita los latidos también a misma cuenta. 

La noche acentúa el estado de alerta, y nos crece la certeza de que todo peligro será advertido tarde, de que nos falta perspectiva, de que hay demasiado impredecible alrededor.

La noche, también, nos unifica pues, despojados de todo lo demás, se vuelve oportunidad de mirarnos con otra simpatía, con un registro nuevo, con otra pasaje de revista: recorrido, memorias, sentires, miedos, miradas -actualizado-.

La noche nos acoge, nos abraza, nos susurra alguna Paz que viene de lo Alto.

La noche nos propone abrir los ojos, soltar lo seguro, abrir los ojos...abrir los ojos... 

A B R I R LOS OJOS.

Puede que entonces, algunos faros en vocación de marcarnos camino, se hagan evidentes, descifremos las coordenadas, y retomemos movimiento más confiados y más fortalecidos



"No es la luz lo que importa en verdad, son los doce segundos de oscuridad". (Drexler) 


lunes, 12 de junio de 2023

LA COPA MEDIO LLENA

    Debería tener un grabador de voz activo para los 8 o 9 minutos que paso arriba de la bicicleta en el recorrido de casa al trabajo. Las ideas fluyen y los discursos que me digo son bastante convincentes.
    Estaba yo en ese tramo esta mañana, cuando pensé en generar un espacio..blog..otro..no sé.. que tuviera como recurrencia escribir sobre "la copa medio llena". El alma esta mañana transitaba un estadío de tibieza precioso, quizás por eso, sí.
    La copa medio llena no está de moda, pensé después. Qué fácil en los labios de todos la queja, el reclamo, el reproche, la acusación. Y yo que nací en esta bendita patria argenta, no sé muy bien si es cosa nuestra, si es parte de nuestro modo argentino de ser; o si es algo de este momento de la humanidad en general; pero no quiero adherir a ese modo ingrato de vivir.
    La vida no me sonríe siempre, vamos, es obvio. No pretendo felicidad absoluta, no sería real. Pero no elijo, ni elegiré, ni he elegido nunca jamás de los jamases, ir por la vida despotricando contra todo y contra todos. 
    Son demasiadas las razones para la alegría.  Y aunque la copa medio llena parece algo "vintage", probemos hacerlo tendencia otra vez. 

"La vida no para, no espera, no avisa."

viernes, 20 de mayo de 2022

Rezo..

Interrumpí tu juego y tu furia, que iba derechito a estrellarse a puño cerrado contra la cara de un compañero. Justo a tiempo, pensé. Viniste caminando tus siete años, con tu cara de enfado y tus pasos de muchachote enfurecido. Te pedí que te sentarás en el piso, a mi lado. Y ahí fue mi pregunta:

"-¿Por qué estás tan enojado? últimamente te vemos peleador, con cara de enojo.. ¿Qué pasa?"

Tus siete me parecieron diecisiete esta vez, y me reprendí a mi misma por mi falta de detalle, por mi poca memoria, y entonces me "descalcé" el alma para entrar en el sagrado lugar de tu tristeza, tan real, tan genuina, tan honda, tan injusta.

-Porque murió mi hermana y ya no la veo más -dijiste tras un respiro hondo y necesario para poder sacar fuera con una claridad admirable tus razones.

El diálogo continuó: de mi parte intentando hacerte saber que tenés razón de sobra para estar enojado, y animándote a sanar el corazón. De tu parte, con la constatación de que la vida de tu mamá y la tuya ya no son lo mismo desde aquel día. De que mamá antes era feliz pero ahora...

Y lo dijiste así, y se me heló el alma. Es demasiado. ¡Cómo no estar enojado! hablamos de tu hermana y sonreíste cuando te dije que ella era linda y "piola". -Sí!- dijiste, era muy piola, ella era buena- agregaste. Me contaste que hicieron locuras juntos. Te contesté que era lindo recordarla así, que ella vive en los recuerdos de las cosas que compartieron. 

Era una conversación de adultos. A esta hora te traigo a mi rezo amiguito. Que la Auxiliadora arrope el alma de tu mamá y la tuya, y vuelvan pronto a la paz y la alegría.



sábado, 31 de julio de 2021

Volviendo.

Escribo como si estuviera sola, como al comienzo cuando no imaginaba el alcance de un blog ni los ecos que tendría. Exactamente así, ahora mismo, sentada frente a un teclado nuevo que me permite escribir como si bailara. La vuelta al blog, casi casi como un volver a mí. 

Abro la puerta y las ventanas. Dejo que la luz lo invada todo. Recorro con los ojos emocionados cómo es ahora esta casita tan querida por mí, ¿Qué queda de la mirada de esperanza que tenía entonces? ¿Cuáles son mis nuevas esperas abiertas?¿Acaso sean las mismas, transformadas? Soy la misma y distinta. Bordeando los cincuenta, me parece ser menos ingenua, ya no voy sobre caballos desbocados. Aprendo que el tiempo es un tesoro, y asumo que la esperanza me ha traído hasta aquí. Tengo pocos pendientes. Y los que tengo no los visualizo a largo plazo. Los sueños me invitan desde un horizonte más cercano; casi como una mamá animando a que el hijito dé los primeros pasos , esperándolo a una distancia corta con los brazos extendidos para que aquel tome coraje y se lance, para que no se acobarde, para que no se sienta en desamparo. Así los sueños nuevos, extendiendo sus brillos, haciéndose desear, pero cuidando que no abandone. De a un paso por vez, como al comienzo.

La sensación de que no hay tiempo que perder. La certeza de que hay una vida en estreno todavía, aunque traiga varios calendarios encima. La comprensión nueva de una finitud que ahora no me es indiferente. El corazón reconciliado conmigo, aceptándome la imperfección, y dejando de presumir lo que no se es. El alma y el rostro sin maquillaje, sin impostar, con la mayor verdad que puedo (que ojalá sea toda)

Mientras tanto, algo en el alma  grita, canta, proclama: QUIERO VIVIR, y no es una obviedad: es una nueva canción.





jueves, 29 de julio de 2021

Descansar..

Despierto hoy cuando el cuerpo quiere; sin alarmas, sin obligaciones, sin nada que hacer. El frío que hace fuera de la cama me acobarda para salir de entre las mantas, extiendo el estado de fiaca un poco más. La mente responde por lo bajo "estás de vacaciones" a la incipiente vocecita que repite que hay que aprovechar el día y que me levante de una vez.  "Aprovechar el día" queda en modo repetición por un rato. Desoigo el entrelíneas, ese que dice que el hacer, lo productivo, el movimiento constante, son sinónimos de aprovechar el día. Desoigo, porque me suena a música la otra línea para ahora mismo: "descansá, tomate tu tiempo, respeta tu ritmo, hacé lo que te plazca, querete, cuidate, mimate. Y escribí."



viernes, 9 de abril de 2021

Prefiero AMAR


Todo se pone patas arriba. Es tiempo de hacer anclaje en lo que desde dentro del corazón mueve nuestras decisiones, nuestras opciones, nuestro modo de andar la vida. 

Dudas de tus propios ideales. Te acusas de haber sido quizás demasiado ingenuo. Te entristece la sensación de haber sido estafado por aquellos en quienes creías. Ese torbellino de sentires oscuros te sacuden la esperanza. Sin embargo estás decidido a mantenerte en dónde el corazón manda. Amar, preferir amar, entre tantas otras cosas que tironean. Preferir amar, como si no hubiera otro modo.

viernes, 10 de julio de 2020

AMISTAD..

En 10 días es el día del amigo. No es un fiesta religiosa, claro está, pero para mí misma, los amigos son en mi vida SIGNO clarísimo del Dios en el que creo. Para preparar el corazón, para homenajear a mis amigos, para agradecer a Dios por este regalo, para celebrarlos en grande.

Color "misericordia” es su mirar.. (Eduardo Meana)

Cuando menos lo merecía, me regaló mi amig@ miradas tan cargadas de misericordia, que no pude más que salir a flote y resucitar de todas mis muertes. 
Hay miradas que nos recomponen el alma, nos vienen a recordar todo lo luminoso que hay en nosotros, y no solo a recordar, ellas mismas se vuelven la luz en nuestros días sin amor propio.
Tan salvador recibir ese amor, tan infinitamente desconcertante que alguien nos mirara con color "misericordia" cuando nuestra propia mirada nos aplastaba hasta los fondos más fangosos y oscuros, que uno se siente indefectiblemente -y para siempre- parte de un milagro.

Tengo amigos así, miradas así en las vivencias que atesoro, signos de la implacable Misericordia de mi Dios.



jueves, 26 de marzo de 2020

PANDEMIA.


Todos, tan aferrados a nuestras historias, a la vida como venía siendo en nuestro propio rango de normalidades.
Un movimiento vertiginoso nos descubre parados en un escenario absolutamente "otro", y ahí quedamos descolocados, intentando entender y actuar los nuevos modos.
La voluntad, la creatividad, el conocimiento, también nuestros valores, prioridades, afectos; moldean rápidamente otra versión de cada uno -y de todos- y nos vemos sumidos en la misión de acomodarnos a ésta presente"normalidad"; cuando no, tratando de ajustar la novedad al contexto que ya nos era conocido.
Pero las reglas son nuevas y paradójicas: queda en evidencia como nunca antes que "todos nos necesitamos", y curiosamente el mejor modo que tenemos de ayudarnos es "mantenernos a distancia", aislarnos, no salir a las calles, quedarnos en casa.
Las redes nos van marcando cierto pulso general de las cosas: día 3...día 4..día 8... Ya no se sabe hasta qué día será positivo llevar la cuenta. A esta altura los días parecen todos iguales. Da igual que sea lunes, jueves o domingo. Toma mucho más fuerza el día a día como unidad de tiempo, y su correspondiente partición: mañana, tarde, noche. Aunque algunos empezamos a sospechar que aquello tampoco sostendrá su sentido por mucho más tiempo, cuando nos descubrimos desayunando a las 12 del día o almorzando a las 4 p.m. por ejemplo.
Extrañamos vernos, incluso si habitualmente no somos visitantes asiduos de nuestros seres más queridos. Ahora se nos arrebata la posibilidad y eso le aporta otros matices al desencuentro, a la distancia, a las ganas de estar juntos.
Cuidarnos no se entiende sin cuidar a los nuestros, porque de esta se sale juntos. El mundo se vuelve, con una connotación sólida e indiscutible, LA casa común, y cada persona viviendo en cualquier punto de esta casa, se siente familia, hermano, humano, propio, parte. Nos duelen todos. Nos alarman todos. Nos preocupan todos. Nos enojan las irresponsabilidades de quien sea. Pero también nos alegran algunas luces que aparecen por algún rincón a partir de esto que estamos viviendo.


Imaginamos que las cosas no serán igual cuando todo pase. Nosotros guardaremos para nosotros mismos y para las generaciones que vienen la memoria de cuando el mundo nos pasó factura por tanto descuido y por tanto desamor, pero también les ofreceremos la lección aprendida -ojalá- de maneras de vivir más respetuosas, menos egoístas, menos soberbias.

jueves, 10 de octubre de 2019

Agradecer-me.

 Con los sueños cumplidos es fácil quedarse con el corazón lleno de "gracias" para compartir con los que fueron cobijando el deseo, acompañando los pasos desde el minuto uno, con los que desde cosas concretas nos ayudaron a materializar nuestros anhelos más hondos.
Hoy llega un reflejo simple y bonito de mi hermano del alma. Entonces me miro con un amor nuevo, me digo en un espejo que refleja para adentro, que me agradezco para siempre el coraje de vivir, de abrir camino con casi nada más que un deseo/sueño precioso, y con una hermana de sueño y de vida, que con una complicidad única se atreve a soñar lo propio y comulgar conmigo para siempre en amistad y en vuelo.
El sueño cumplido tiene todo nuestro impulso de deseo en el punto original, la certeza previa de que no hay sueños imposibles, y la confirmación de que a los sueños hay que "vestirlos con ropa de trabajo" y hacerlos, crearlos, inventarlos. El salto al vacío, el vértigo, el "no poder creer pero sí" de cada segundo en que se ha estado metido por fin en lo soñado.
Gracias conmigo misma, los sueños se vuelven aliados porque quien sabe de donde te viene ese coraje para irlos a buscar. Gracias conmigo misma, no te congela el desaliento, te llena de alas soñar más y mejor. Gracias conmigo misma, te creo la locura con la que vas adelante. Y gracias conmigo misma, tu vida, con todo todo todo, me sigue pareciendo inspiradora.

lunes, 4 de marzo de 2019

Todavía CREO...

...en mirar a los ojos.

No es una línea original, no me pertenece; sin embargo por un rato me la apropio porque me parece de una belleza especial:"todavía creo en mirar a los ojos".
La frase-canción abrió una puerta o varias. Las teclas como pasos ahora, van eligiendo por cual entrar esta mañana en la que amanezco con ganas de escribir.
Creer sigue siendo una maravillosa aventura, un modo de vivir, un modo de vincularse, un modo de estar, de mirar, de intentar, de esperar. Creer es de lo más humano que tenemos los humanos, por eso debe ser que me abre un hueco de tristeza dentro cuando oigo "ya no se puede creer en nada ni en nadie", más especialmente incluso, cuando suele ser mi propia voz la que lo dice.
Con el paso de los años y las experiencias, con todo lo que dentro hay de contradicción pero también de paz, he comprendido -al menos hasta hoy- que CREER es también un estado de amor.
Todavía creo en mirar a los ojos porque no hay modo de camuflar verdades en ellos. 
Creo también en la incondicionalidad de los amigos verdaderos. 
Creo en mi familia y en la amorosidad inmensa en la que nací y crecí. 
Creo en la gente sencilla que agradece-confía-lucha-se aferra al vivir con una fuerza que muchas veces no he tenido. 
Creo en mis hijas y en la capacidad que tienen de hacer de éste un lugar más bonito para vivir. 
Creo en mí. Porque cada vez que me miro -en un espejo o para dentro- veo que incluso con mis límites personales y sin atender a esa cuestión de logros-éxitos-puestos-etc siempre, SIEMPRE, he vivido con intensidad lo que mi ser entero se ha sentido invitado/llamado a vivir.
Creo en el AMOR. Creo en la VIDA como un regalo. Creo en Dios.  
 Todavía podemos ante el mar de desilusiones y desconfianza en el que a veces navegamos, hacer un acto de fe en la humanidad. Quizás eso sea, mirarnos como Dios nos mira. Seguro, a pesar de todo, aún cree en nosotros.


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