Es probable que ya no haya nadie por aquí, pero si es que la casualidad o el viento te traen para este lado, te adelanto que no es que traiga ideas "brillantes", apenas un compartir, solo eso.
Vuelvo a la idea que va dando vueltas mientras me preparo mi café con leche. Las ruinas se me aparecen de pronto en los pensamientos, y lo que sigue es mi propia percepción de lo que me pasa cuando estoy, literalmente hablando, en medio de ellas.
Hay en esos paisajes algo que me cautiva, que me atraviesa, que me despierta. Donde otros ven roto y deshecho mis ojos ven historia, vida, y belleza.
Piso esos lugares con cuidado, casi pidiendo permiso, advirtiendo que hubo otros muchisimo antes que yo en estos lugares y que merecen mi respeto.
Las ruinas dan cuenta de una historia, son signo y señal de que aquí pasaron cosas.
Convocados a apreciar. Y esto me parece bien bonito: no tenemos que HACER NADA. No estamos llamados a arreglar, a restaurar, a mejorar las ruinas. Repito: estamos convocados a apreciar. Me encanta.
Ahora sí, como si antes no se hubiera estado entramando algo de esto, la metáfora me sonríe. Las otras ruinas, las de adentro de unos y otros, nuestras demoliciones y desgastes internos, merecen ser tratados con cuidado y respeto propio y ajeno.
Y una última nota, para ruinas literales y metafóricas: hay posibilidad de novedad, de paisajes nuevos que se crean en torno a lo que estaba, de nuevas maneras de habitar esas historias, y sobre todo, de otros y otras convocados a visitar-disfrutar-apreciar-cuidar-estar-permanecer...
No hay comentarios:
Publicar un comentario