domingo, 19 de febrero de 2017

en estado de confianza..

Abismos impensados. Grietas invisibles que se abren en medio del camino. Y otra vez, oscuro. No control. Solo dejarse caer y esperar. La salida es para abajo, recuerdo, de algo que una vez leí. No se trata de reflotar sino de dejarse caer. Cierro los ojos mientras la caída libre (¿libre? me pregunto mientras tanto y sonrío por primera vez en algún tiempo sin forzar la mueca) Ese ir para abajo desorbitadamente, desarmado, sin ninguna clase de movimiento grácil, torpemente, rústicamente para abajo, lo coloca a uno en ESE momento preciso y no en otro. No hay tiempo para pensar, para evaluar, para las nostalgias. No es momento de intentar cambios de rumbo, no hay volantazo posible, el abismo nos arrebata toda clase de voluntad propia. Es momento de entrega, de manos abiertas y vacías, de no resistencia, de caer con peso "muerto" (aunque sea con todo el de nuestro vivir), de abandonar todos los intentos, de confiar justo ahora cuando pareciera que no se quiere ni se puede ni se sabe ya como confiar. Parece burla y sin embargo es lo más noble y auténtico de la confianza: es en la plena incertidumbre donde esta se vuelve cierta, sino no sería tal.
Cierro los ojos, y mientras me dejo caer, una plegaria honda se hace luz, deseo, anhelo, palabra, regreso: Que al abrir los ojos me encuentre con los Tuyos.



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