viernes, 12 de junio de 2015

Sueños son verdades (parte II)

"Los viejos sueños eran buenos sueños. 
No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido."   

(Los Puentes de Madison)


De pronto tropiezo con frases y hechos que atraviesan los sueños y el alma, que me ponen de cara a la ilusión sin dudas, pero también me hacen mirar la propia realidad de otra manera. ¿Será que sueño y realidad se alimentan mutuamente? 

Adhiero  a la frase del encabezado. He tenido sueños que no se cumplieron, eran buenos, muy buenos sueños -nostalgia-. Algunos nunca se cumplirán, y sin embargo me llevaron a caminos y realidades que ni hubiera imaginado vivir. Me alegro de haberlos tenido. Los celebro, me abrieron la puerta a un vivir distinto, a andar al ritmo de mis propios latidos, amaneciendo búsquedas que morirán conmigo. Me trajeron sorpresas inesperadas. Horadaron el corazón a pulso lento, domando mis propias impaciencias, mis penas, mis desilusiones pasajeras.

De los sueños viejos algunos se están cumpliendo. Vestidos de realidad, a uno a veces lo despistan un poco. Claro, el sueño se detiene, se deja alcanzar, se deja asumir completo en tiempo y espacio, en ilusión y espera, y se vuelve real. No deja de ser sueño, es que estamos en él, dentro, abarcándolo, empapados de él. ¡Como mis hijas! Con seguridad el sueño más bonito que he tenido y tengo.

Otros, adormecidos por falta de corajes, de impulso, demasiada prudencia, no sé... se fueron acomodando disimulados en la fila final del alma, no quieren molestar -dicen- Pero un día, como último recurso a la alegría, alguien los saca del anonimato y les dice que no se han sembrado ahí para estar silenciosamente atrincherados. ¡Hay fiesta dentro! Como un as en la manga que nos vuelve al juego, confiados, expectantes, más audaces, más fieles a nosotros, le abrimos paso. Los sueños viejos, cuando despiertan  reverdecen de magia.

Y los otros, esos que seguimos cobijando entre frases como "si tiene que ser será", los del todavía no pero ojalá que sí, los que tienen vocación de Esperanza, de abrir camino, de decirnos y que nos quede claro que "se puede". De esos tengo más de uno.

Sueños son verdades. Soy también aquello que he soñado, aquello que hoy sueño, y aquello que me atrevo a seguir soñando. Despierto el corazón, despierto el sueño.


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