jueves, 19 de agosto de 2010

de despedida (uno más)...

Otra vez: despedir.
No aprendo, no me sale, me resisto...pero no hay más tiempo y es hora de despedir.
Cierro los ojos. 
Hacia adentro, en movimiento sincronizado, corazón y memoria me regalan un sinfín de imágenes y sentires que generan mucho más alegría que tristeza; mucho más deseo de agradecer que nostalgias.


Sos para mí bendición en el camino, que recibí sin buscar, sin merecer, sin pedir. Tan simple y tan maravilloso como que estabas ahí, en la más difícil encrucijada de camino, tan dispuesto a caminar cerca, a caminar conmigo, a acompañar el camino.
Me cuesta despedirte. Lo que lloro no es tristeza; se adelanta alguna sensación de ausencia, que se mezcla con el deseo de querer perpetuar en la memoria palabras sabias nacidas de un corazón que reza y que escucha. 

Ya sabés que en mí hay una siempre urgente necesidad de asir seguridades, y que estés cerca me aporta algo de eso. Ahora, más adentro, en lo hondo de mí, algo me susurra bajito: "no tengas miedo, todo va a estar bien". Y yo lo sé. 
Ahora es tiempo de esto. De despedirte bien. De desearte que el camino se abra para vos con sorpresa, con aires nuevos, con desafíos nuevos. Desearte que te vayas tranquilo, contento, dispuesto. Desear que tu corazón siga bien abierto para recibir, para acoger, para acompañar; y también para dejarse querer, para dar, para compartir. 
Y es tiempo también de agradecer todo el camino, todo lo que me trajo hasta acá; agradecer tus huellas a veces en forma de palabras, de consejo, de oído atento. Tus huellas en forma de pincelada, de música, de detalle. Tus huellas en tu manera tan abierta de compartirte, de "contar tu camino". 
Estos días fueron para mí un regalo inmensísimo, ¡el moño de tanto regalo recibido hasta ahora! (Cerúleo, Lorena Mc... y Vanina son testigos) y no voy a encerrarlos en palabras. 
Es tiempo de despedir. Dentro hay conmoción, no voy a esconderlo, es un signo más de cariño. 

La despedida entonces es un GRACIAS grande, como la distancia entre este lugar y tu nueva casa.
La despedida es un brindis que celebra todo lo compartido.
La despedida es mi bendición para el camino...


"El Señor te bendiga y te guarde; 
te muestre su faz y tenga misericordia de ti. 
Vuelva a ti su rostro y te conceda la paz
El Señor te bendiga, hermano Federico"


Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos.
Que el viento sople siempre a tu espalda.
Que el sol brille cálido en tu cara
Que la lluvia caiga suave sobre tus campos
Y hasta que volvamos a vernos.
Que Dios te guarde en la palma de su mano.



Buen y feliz viaje! Sigo sumando razones para ITALIA.








4 comentarios:

Teresa dijo...

Analía, por la profundidad de tu despedida intuyo la grandeza de vuestro encuentro.

Aunque ahora sientas barruntos de ausencia... los aromas de vuestro encuentro siempre permanecerán, lo sabes.
Un abrazo con mucho cariño.

Alicia dijo...

Italia siempre estuvo cerca!!!
Somos Don y Regalo, los amigos. No hay distancia ni frontera que nos puedan separar. Nos une un Ideal de vida que no se rige por geografías ni magnitudes. De otra manera no se entendería la Vida Eterna.
Te quiero y sé que no es fácil, pero presiento que en el cielo de tu vida aparecerá muy pronto una nueva estrella que te ilumine, acompañe, sostenga.

Máximo Ballester dijo...

Leo tu profunda y tierna despedida y sólo quiero decirte que deseo que estés muy bien.
¿Te vas a Italia?
Un beso.

Analía dijo...

Teresa, Alicia , Máximo, gracia spor sus huellas!
Doy gracias por el don de los amigos! Cuesta despedir, y si cuesta es porque hay mucho compartido en medio, yo lo sé.

ITALIA...es sueño de años, pero ahora tiene más motivaciones. Italia está más cerca,cuando pienso en Horacio,y ahora también cuando piense en Federico.

Será. Todo llega.

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