| (Es este para mí un símbolo especial de encuentro y amistad) |
Empiezo a escribir esta entrada mientras me encuentro con algun@s compañer@s de camino, en medio del camino.
Me conmueve ahora mismo todo lo que los encuentros guardan de misterio de amor de Dios. Algo que no podemos comprender, que va más allá de lo esperado, programado, imaginado, pero que se da y regala en una simpleza que desborda sorpresa.
A veces soy consciente de ese abrazo de almas que se da, otras, en sorpresa inesperada, detalle minúsculo y gigante al mismo tiempo, me descubro encontrada, alcanzada por un otro, invitada a entrar en el encuentro, impulsada a abrir el corazón, a dejarme cuidar y querer como soy.
Mi Dios es maravillosamente Providente en mi historia a través de tantos encuentros, de personas concretas y con nombre, de vidas compartidas, de compañeros de ruta que un día se hacen visibles, cercanos, reales.
Mi Dios se hace Palabra viva para mí en la historia de ellos, en mi historia con ellos, en el cruce de caminos, en sus palabras que espejan ternura, gratitud, esperanza, compañía, ánimo.
Me sorprendo sabiéndome parte de un regalo grande y bonito. Me sorprendo siendo quién recibe y a veces también quien regala; descubro que el secreto que envuelve este regalo no es otro que el animarse a compartir. Me sorprendo por las coincidencias, por las ventanas que se abren, por lo oportunos e iluminadores que son algunos cruces, me sorprendo por tanto cariño que Dios me hace sentir a través de ell@s.
"Y todas las personas que me diste,
desde mi corazón te las ofrezco..."
(Eduardo Meana en Esto que soy esto te doy)













