lunes, 27 de abril de 2015

Que tiempos aquellos... (memoria)

Más de una conversación o situación en estos días me conecta con el pasado, con "capítulos" hermosos. Pasados inmediatos y pasados lejanos. Siento nostalgia, un poco, pero sonrío. No es una nostalgia triste. 

A veces la memoria viene así: tímida, como pidiendo permiso para despertarnos el alma, va encendiendo las luces por dentro y nos llama. Nos saca del sueño y nos mete sigilosamente en el Sueño mayúsculo. Despertamos, nos reinventamos -palabra que me llego por estos días-, nos hacemos de nuevo un lugar en la historia en la que creíamos. 

La memoria nos despierta, nos anima a más, nos avisa de aquello que nos hacía latir el corazón de otra manera. Nos recuerda quienes éramos, y en el eco que trae de aquellos tiempos,  nos anuncia con cierta novedad quiénes somos ahora.

Uno pone el alma en el espejo, y reconoce no sin sorpresa que hay señales de dolor y de esperanza casi en partes iguales. Y no hay tiempo para adormilarse en quejas ni arrepentimientos, por "lo que ha querido ser y que no ha sido"; la vida sigue, y mientras tanto hay que andarla despiertos. 

Hoy celebro la memoria de aquellos tiempos, de las vueltas del camino, de las cosas que no pensaba, de lo que me perdí y de lo que hice vida. Celebro la nostalgia porque me confirma lo lindísimo de las experiencias vividas, de las personas que conocí. Y celebro este tiempo, y anticipadamente, también celebro el tiempo que vendrá.

La memoria, a veces, nos avisa por donde va el camino


domingo, 26 de abril de 2015

Junín de los Andes....

El campo -Junín de los Andes- antes de la erupción del Volcán Calbuco
Quienes me conocen un poco más, saben que es un lugar en el mundo especialísimo para mí desde hace años. Pocos lugares (físicos) me han regalado la experiencia de sentirme tan unificada, tan "yo" misma, tan en paz, tan feliz, tan "en casa".

Casi todas las entradas en el  Blog, del 2015, están atravesadas por la experiencia vivida en Junín de los Andes a fin de año, y luego durante casi todo el mes de enero, y un poco más acá, durante Semana Santa. 

No es cerca de casa; nos separan casi 1400 km. En horas de micro, transbordos de por medio, son casi 22 hs de viaje. Pero hay algo entre ese lugar y yo, que hace que me sienta misteriosamente cerca.
Hace mucho que nos conocemos, pero recién este año quiso Dios hacerme el regalo de llevar mis pasos a los lugares donde late de manera especial el corazón del pueblo: cada persona-familia de la comunidad mapuche Linares (en Aucapán, en Nahuel Mapi...), los nombres, los ojos, las sonrisas a veces tímidas y cargadas de una hermosísima inocencia; la palabra leve, justa, sin excesos; la capacidad de acogida en cada casa como nunca antes había experimentado. También hacer esta experiencia en la comunidad de salesianos que allí trabaja, vive y misiona. Me sentí familia, así me hicieron sentir.

Y la experiencia no termina. Ya estoy en mi casa, en mi ciudad, en mis cosas, en mis locuras cotidianas; haciendo esfuerzo por vivir bien lo que me toca en el aquí y ahora, y con el corazón mirando para allá. 
Cubierto de cenizas

Me llegan las noticias: mi familia de Junín y alrededores está sufriendo. Todo está ahora lleno de cenizas volcánicas, cubiertos los campos donde chivas y ovejas -para muchos su única "riqueza"- tienen que pastar.  Cenicienta el agua de las vertientes de donde todos se sirven para vivir. Cenizas en todos los caminos, en todos lados, adentro y afuera de las casas. Cenizas que vuelven desolador y gris, un paisaje de paraíso. Cenizas que seguramente no despertarán la queja de un pueblo agradecido, de una pobreza y una dignidad que quisiera aprenderles, de una esperanza a prueba de todo. 
Quisiera estar allá ahora, ayudando, limpiando, acompañando... y no puedo. Los pienso y los rezo. Estoy allá de algún modo, lo sé, aunque sea en el deseo de estar. Mientras tanto, los traigo al recuerdo, al corazón, a las palabras. Ojalá estén todos bien! desde aquí los abrazo.

lunes, 16 de marzo de 2015

ESPERAR...

Hay esperas que me generan ansiedad. 
Cincuenta y cincuenta posibilidad para un sí o para un no en una respuesta que espero. 
El deseo es tanto y la causa tan especial para mí, que no me siento preparada para la espera. 
Rezo. Pido una paciencia que hoy no tengo. 
Que sea lo que Dios quiera pido, pero en voz baja agrego: "ojalá queramos lo mismo".

Y entonces, me viene de lejos una lección que en todo este tiempo he recordado pero que recién ahora se me hace invitación a rezar y a acompañar otras esperas: Laureana a la orilla del camino, cerquita de la cordillera, esperando que llegue un remis que la llevará al pueblo, que viene con una demora de 4 horas (luego sabremos que aún le quedaban casi 4 horas más de espera). Laureana que debe tener cerca de 70 años -o más- con sus nietas y sus bultos, con 30 grados de calor, con las zapatillas muy rotas, con la vida -que se adivina difícil- encima.

Se me acaban las teorías. 
Mi espera, cargada de deseos felices, en nada de nada se parece a la de ella. Laureana es ella y tantos otros que esperan sufriendo casi siempre. Hoy la recuerdo, ahora mismo. 

Que mi espera -con esfuerzo, serena- sea el modo de acompañar y rezar las esperas dolientes de otros.

"ESPERAR, TAMBIÉN ES TRANSFORMAR UN SUEÑO EN REALIDAD"

domingo, 15 de marzo de 2015

Horizontes de deseo, sueños para vivir.


Ser espectador y protagonista a la vez, es una de las lindísimas posibilidades que encontré en el museo de arte contemporáneo, y que me fue haciendo cambiar la mirada que tenía sobre este tipo de arte al que, de entrada, me parecía no entender. Ahora no me queda ninguna duda, no lo entiendo, pero ya no me importa. No es un lugar para "entender". 
Es un lugar para dejarse  despertar los sentidos, para permitirse jugar, para sentirse parte de la obra.
En eso estoy, sentada frente a un pizarrón gigante, en donde se lee en una de las columnas a modo de título: "SUEÑOS POR REALIZAR". Allí me quedo un buen rato antes de escribir el mío, leyendo. Comparto mi propio sueño con al menos 10 desconocidos, hay muchos en la categoría "viajar-conocer"; otros tantos que tienen que ver con lo afectivo "formar familia, felicidad para los hijos, olvidarse del ex...", algunos más del tipo "la paz mundial, valores varios...", y otros.

Es la segunda vez que estoy en este salón del museo, frente al pizarrón, pero es la primera vez que me paro y tomo una tiza para escribir, para sumar mi ilusión, para dejar mi señal de soñador. Escribo en un hueco, entre sueño y sueño, "ITALIA". Y me vuelvo a sentar a mirar. Sueñito mío ahora reparado por los sueños de otros, pienso. 

En eso estoy, con mis hijas que también escriben lo suyo y miran, cuando vemos acercarse al pizarrón a un hombre de edad en silla de ruedas. 

Alguien le alcanza una tiza, lo ayuda a posicionarse para escribir, y con mucha dificultad lo hace. Vemos su trazo débil, le cuesta tomar la tiza. 





Termina, apenas se mueve y se traslada a la siguiente columna, las tres sin hablar durante toda la escena, apuramos a mirar y descubrir que es lo que ha dejado escrito. 
Leemos, nos miramos entre nosotras, con los ojos lacrimosos llegamos a leer: "MUCHOS".

Ahora siento que mi sueño está bien custodiado,  por el sueño de alguien que sueña mucho, a pesar de limitaciones y dificultades evidentes.
El corazón celebra ser parte de este entramado de sueños que en silencio mientras voy leyendo, rezo.
 HORIZONTES DE DESEO, sueños para vivir.

sábado, 7 de marzo de 2015

la BELLEZA de nuestras "fealdades"

Hace años, una alumnita del Jardín me preguntó casi con pena: "seño, ¿vos no querías ser fea con tu diente así?". 
La pregunta me sorprendió, me sonreí, y le respondí en otras palabras que a algunos Dios nos regala bellezas más "escondidas". 
Mi diente grandote y al frente es el resultado de un aterrizaje forzoso tras un vuelo bastante interesante en bicicleta. Esa es la marca de aquel accidente, un domingo de octubre a mis 16 años.
Pero también es la marca indeleble del cuidado de mi familia, del cariño con que me acompañaron mis amigos, de la preocupación de mis compañeras y profesoras del colegio. Todavía recuerdo cuando una semana después el mismo grupo de amigos que me auxilió aquel día, se apareció en casa con una caja pequeña que contenía mi diente. Habían ido a buscarlo mientras mi cara completa sanaba. Lo encontraron y me lo traían convencidos de que era posible el reimplante. 

Mi sonrisa me acomplejaba un poco por aquellos días, era de risa fácil y por mucho tiempo estuvo escondida detrás de mi mano.

Veinticinco años después, todavía conservo la risa fácil, aunque ya no me acompleja mi diente solitario y especial, dando la bienvenida a mi cara. Es una huella de un día feliz con amigos, de su compañía y cuidado, de cariño. 

Las heridas, las imperfecciones, los errores, los límites, las oscuridades y fragilidades que podemos haber experimentado, siempre siempre siempre tienen una contra cara luminosa: un tiempo de sanar, la cercanía de quien nos ha cuidado-rescatado-animado en el camino, la gracia, el regalo del perdón, la experiencia de ser querido "a pesar de", la oportunidad de crecer en algo que todavía nos tenía estancados, y tanto más.

Aprender a querernos con todo lo que somos, también con aquello que rechazamos de nosotros mismos, con nuestros complejos, dejar que nuestras bellezas le ganen terreno a nuestras fealdades; y para eso hay que "querer quererse", aceptarse, y celebrarse también uno mismo.


jueves, 12 de febrero de 2015

de DAR y RECIBIR...


Reviso mi propia formación, y noto que mis educadores han puesto mucho más acento en la lección "aprender a dar", que en la de "aprender a recibir". 
El compartir teniendo en cuenta una sola dirección, posicionados desde el lugar de quien da a un otro que recibe, no parece ser esencialmente compartir.


Hace unos días fui invitada a una lección de lujo en este sentido:  un "otro" (varios en realidad) que da "todo lo que tiene", y esto es unas tortas fritas amasadas con las propias manos, una pelera que tenía destino para un caballo y ahora se vuelve regalo, un tiempo que es "oro" porque hay que entregar artesanías y se acaban los plazos, un chivito, una plegaria nacida de lo hondo del corazón, y tanto más...  


Todo lo que tiene. Ni lo que le sobra, ni lo que no necesita, ni lo que no le gusta. TODO LO QUE TIENE en algunos casos en el sentido más literal.

Y ahí está uno del otro lado, debatiendo en su cabeza si merece, si corresponde tomar aquello, envuelto en no sé que clase de pudor por estar apropiándose de algo que para el otro parece imprescindible y para uno, quizás ni siquiera sea necesario.

Aprender a recibir es un arte en el que no nos hemos educado lo suficiente. Anunciamos igualdad, pero qué difícil se nos hace pararnos desde el lugar de quién recibe, de quién acepta gratuitamente y porque sí el don del otro, de quién se vacía las manos y el alma para solo agradecer, sin ningún otro planteo o cuestionamiento, lo recibido. No merecemos ni dejamos de merecer, no vamos a devolverle probablemente nada que se compare a ese gesto ni tendríamos que estar pensando en hacerlo. Es gratis, regalo, ofrenda.


Nos queda celebrar y recibir con alegría lo que se nos da -como alguien me dijo hace unos días: con el corazón en la mano-, y honrar ese gesto tan bonito de cariño y de entrega. Ahora somos más hermanos, somos recibidos o acogemos, a veces damos y a veces abrimos manos y corazón para recibir, a veces escuchamos y a veces tenemos algo para decir...

Experiencia de cielo, de familia, escuela para aprender a amar de verdad...¡fiesta de la vida!



domingo, 8 de febrero de 2015

Tesoros del camino: aprender a mirar.


Ella me pide que le haga un dibujo de una casa. Tomo las fibras, el papel en blanco y dibujo casi de memoria la casa que se representa en mi cabeza. Le hago debajo "pastito" para que no quede en el aire: una línea apenas zigzagueante a ambos lados de "mi" casa. 
Ella recibe el dibujo, lo mira, lo agradece, y sin mediar más palabras toma la fibra y une en una curva hacia arriba los dos extremos del "pastito", dejando ver por detrás y por encima de la casa, una montaña perfecta. 
-Ahora sí! dice para ella misma. 
-Ahora sí! mascullo en voz baja, también para mí misma. 

Hasta aquí la escena de hace unos días atrás al principio de la experiencia de misión. 
Es de esas lecciones mínimas que se nos aparecen a la vuelta del camino y que nos regalan luz. Esta pequeña maestra de no más de 12 años, me enseñó a MIRAR. 
Estábamos rodeados de montañas y yo no las estaba viendo, no estaba siendo capaz de mirar con novedad y re-crear lo que traía dentro. Fui a lo más fácil, a lo mío, a lo que de memoria y con seguridad podía responder inmediatamente. 

¡Y su modo callado de completar mi obra! Solo hizo "lo que tenía que hacer". Y nada más. Calladamente, sin alardes, sin hacerme ver que me faltaba algo. 

Gracias Señor por los tesoros escondidos en el camino. Te pido que nos ayudes a mirar con ojos nuevos, que nos saques de las seguridades y de los lugares interiores en los que a veces nos instalamos; que seamos capaces de aportar lo nuestro sin necesidad de aplausos ni recompensas; que hagamos nuestra parte calladamente, aunque nadie lo note. 




viernes, 6 de febrero de 2015

Misión III - si estás entre volver y no volver...



Volviendo o yéndome. 
Tienen en común que "me dicen" en movimiento, pero no tengo por seguro cuál es el punto de salida para este momento. Parte de mí regresó a mi casa (en el caso de que fuera VOLVIENDO), mis cosas, mi trabajo, el cotidiano que era antes de la misión. El resto de mí, no vuelve todavía. 
Si se tratara de YÉNDOME debería decir que solo ha partido a mi ciudad mi corporeidad, y que mente y corazón todavía se "alojan" en Junín de los Andes y alrededores.

Todo el tiempo me descubro haciendo referencia a lo vivido estos días, desde lo más trivial como la comida o el aseo, hasta lo más especial como los momentos de encuentro con la gente, o de oración en la comunidad de misioneros, pasando por todos los matices de emociones, compartidas, tiempos, etc. 

Cada minuto trae consigo un recuerdo, un nombre, una expresión, un gesto ("según vo'", "daaale?!", "que hermooooso", "cocino para uno", "aaaa la fresca", "Qué!??", "oh sí sí claro que sí, por supuesto que sí", "asientito"... regalo intra grupo que me permito).

Algo en mí cambió. 
Mi amigo desde lejos me hace ver que no tengo que dejar Junín, que puedo -y de hecho creo que lo estaría haciendo- llevarlo en mí, en el alma, dentro. Ahora pienso que la misión y este lugar que para mí es tan especial son muchísimo más que una anécdota,o un tiempo compartido,o la posibilidad de conocer a otros deseando lo mismo.  


Si Junín queda dentro se resuelve el dilema: ni volviendo ni yéndome. Ya es parte de mí. Cada encuentro con otro, en donde Dios nos ha hablado al corazón -a todos- se vuelve un santuario en el alma donde poder descansar-se, rezar, silenciar los ruidos, sentirse en casa una y otra vez, y encontrarse aún en la distancia con cada persona-clamor-mirada que en estos días nos hicieron ver la vida con ojos despejados, mirada nueva, corazón templado para recibir, para darse, para el encuentro.

Entonces, la misión se vuelve réplica en cada vivencia que ahora tenemos entre manos: nuestro trabajo, ocupaciones, las personas que ahora nos rodean, los afectos, el modo de rezar, la disponibilidad de tiempos, la austeridad con la que podemos vivir, la atención con la que escuchamos a quien se nos acerca.

Ahora empiezo a sentirme "en casa" de un modo nuevo. Y misionera también de un modo distinto.

Ni volver ni no volver: SER y ESTAR enter@ donde se esté. DENTRO es el lugar en donde todo va re-construyéndose, haciéndose nuevo, invitándonos a vivir una vida que valga la pena ser vivida para nosotros y para los demás. No para quedarnos encerrados en nosotros mismos, ni añorando nada, sino para ser verdaderos testigos del Resucitado..

"¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!" - Evangeli Gaudium

miércoles, 4 de febrero de 2015

Misión - Parte II


 "La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme." - Evangelii gaudium

Todavía con el corazón entibiado y encendido por la hermosísima experiencia de Misión en la Comunidad Mapuche Linares (muy cerca de Junín de los Andes), parece que las palabras no alcanzaran para "contar" algo de lo vivido, se quedan chiquitas, se vuelven pobres; y así y todo quiero hacer el intento de dejar huella escrita.

A algunos más cercanos ya les he ido compartiendo el sentimiento de plenitud que se me "pegó" al alma en estos días. Me pregunto qué es lo que hizo que este sentir me invada por completo; y es que presiento que ahí está, o muy cerca al menos, el secreto de la felicidad. 

Uno entiende entonces que no hay modo de repetir fórmulas ni caminos. Comprende que ha sido llevado a un lugar -momento, encuentros, personas, situaciones- que no va a volver a repetirse así como fue, y que aquello ha sido un regalo infinito que quedará marcado a fuego en el corazón por toda la eternidad. 

Ahora, volviendo al camino, a la vida cotidiana, a la propia casa, descubre que aunque hubiera querido "hacer tres carpas" allí y quedarse degustando todavía más esta experiencia de plenitud, y aunque la memoria nos recuerde con un poco de nostalgia "que bien estábamos allí", hay que regresar. Imposible regresar siendo el mismo. Se regresa nuevo, se regresa siendo un poco "otro".


Cuando se ha sido bienvenido y recibido en el corazón del pueblo, y cuando se ha hecho esta experiencia desde lo hondo del propio corazón, difícilmente pueda ya arrancarse este nuevo amor. Abrazados por el pueblo, y habiendo sido invitados a "alojar" en ese corazón que abierto de par en par sin restricciones, sin cuidados, con absoluta disponibilidad y alegría se nos ha regalado visitar...¡no hay modo de regresar!

Por hoy, hasta acá. Sea una introducción a tantas cosas que quiero compartir en estos próximos días, porque "no podemos callar lo que hemos visto y oído".

Gracias especiales a cada compañero de Misión: Vani, Lucía, Marcela, Sandra, David, Laguna,Tavo, Emi, Lucho.


miércoles, 14 de enero de 2015

Misión

En un par de días nos vamos con el grupo misionero a la cordillera. 
Me siento expectante, deseosa de estar, y con una alegría que se me sale por los poros. Todo está casi listo. Nos fuimos encontrando, reconociendo, presentando. Empezamos a sentirnos parte de una comunidad, incluso cuando todos provenimos de diferentes lugares. Y creo que esa es la mejor parte de lo que tenemos "casi listo". Ir acercándonos, conociéndonos, ganando confianza y simpatía. Y es que uno viene cargado de sus propios sueños y deseos, pero no va solo. No es "mi" misión, no soy "yo" o "aquel". Somos "juntos", en el deseo de ser puentes, para que sea Jesús quien visite cada familia y haga morada de manera más especial en medio nuestro (de todos) durante estos días.
Llenaremos nuestra memoria y nuestro corazón de nombres e historias, de encuentros, de cercanías que serán seguramente signo de mucha vida.
Ahora sí, me despido por unos días. Solo  les pido una oración especial a aquellos que rezan.

abrazos!

martes, 13 de enero de 2015

BienVenir.

Ser recibido, ser celebrado en el encuentro, ser acogido en los ojos, en el alma y en la casa como si uno hubiera sido esperado desde siempre. 
Quiero enunciarlo en verbo: "bienvenir", me hace decir de algún modo todo el movimiento que hay puesto en juego en el corazón, en la expectativa, en el deseo de encontrar-se. Es la escena del que está a las puertas de la casa esperando a quien viene en camino, y con el corazón adelanta y corre para salirle al encuentro -aún si ni siquiera se ha movido del umbral-.

Todo el día de ayer fue atravesado completamente por este movimiento, incluso desde la noche anterior. Gestos, palabras, sensaciones, cotidianidades, todo me habla de una bienvenida linda, de una invitación especial a quedarse, a compartir, a ser.

¡Dios esta vez te pasaste de ternura! GRACIAS!



domingo, 11 de enero de 2015

Ser UNO


Peregrino - extraño - visita - habitante...
Podría agregar más; pero no es que quiera hacer un listado de "estados" sino solo compartir breve.
Acabo de llegar a un lugar en el mundo que me encanta (en el sentido de "me gusta" y en el sentido de"encantamiento especial que me provoca") 
Hay desde lo afectivo, desde lo espiritual, desde los recuerdos y la historia, y desde los sueños hacia adelante algo que me conecta de un modo lindísimo con este lugar.
Siempre es nuevo. Esta vez llegué sola, sin mi compañera de viaje, aventura, y camino, mi amiga llega en unos días.
Entonces llego, me ubico, acomodo mis cosas, y salgo a dar una vuelta por el lugar. Es chico, lo conozco algo; pero esta vez la sensación de ir sola me hace sentir "visita". Caminar hacia los lugares que conozco va cambiando esa primera sensación, y me doy cuenta que casi todo me resulta curiosamente familiar, me siento parte, me siento en casa. Ya no me siento "extrañ@".

Quizás se trate de esto: ser extraño y ser del lugar en cada parte que uno va viviendo. Para no perder la mirada de novedad por un lado, y para sentirse en familia por otro.

Peregrin@. Andando, viviendo, encontrando, abriendo, dejándose encontrar.

Me siento muy feliz.

martes, 6 de enero de 2015

Conectados...

Tengo muchos "amigos de blog", algunos desde hace años, desde hace bastante vida compartida. Hay quienes se han ido, otros circulan silenciosos por acá, alguno deja huella cada tanto.

Hoy quiero dejar yo misma, huella y recuerdo de dos amigos que conocí gracias al blog: Mariana y Mariano, de puntos distintos del mapa pero con los que me siento casi caminando juntos, cerca, en confianza.
Con Mariana pudimos saltar de la red a la vida hace casi un año, nos vimos, llegó el abrazo y los mates tantas veces prometidos y esperados; con Mariano, el regalo es una sintonía especial cada vez que compartimos desde lejos, coincidencias, casualidades, sintonías del alma que siento como un lindo regalo en el camino.

En ellos dos, hoy simbolizo, a cada persona linda que en este tiempo es puro gesto de bienvenida al corazón, de compañía, de cercanía, a  aquellos que sin saberlo quizás, me van cuidando el alma. Dios se vuelve interminable y hermosa bendición en las personas con quienes nos va regalando compartir; de cerca, de lejos, por un rato o para siempre.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Soy mamá.

Es quizás el regalo más hermoso que se puede recibir en la vida: la VIDA misma gestándose dentro, la vida que se "da a luz" (me encanta particularmente esta expresión), la vida que se "bienrecibe", la vida que crece y se abre dentro, y luego al lado de la nuestra.  
Es uno de esos regalos que nunca se nos terminan de dar del todo. Uno sabe que no podrá apropiárselo, finalmente, más pronto o más tarde, debe abrir las manos y soltar. Así es con los hijos, y ahora entiendo más que nunca aquello de "tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida...". Me resultó más comprensible experimentarlo como hija, advertir que no podría de ninguna manera vivir la vida que mis padres quisieron o desearon o desearían que hubiera vivido yo. Sus expectativas muchas veces no habrán coincidido con mis sueños o mis fracasos. Quizás mi manera de ser no se corresponde con la que ellos quisieron o intentaron moldear. 
Me hago preguntas como madre, que inevitablemente pasan también por mi corazón y mi experiencia de hija.
Y es que creo que no hay otra escuela para padres que no sea la propia vivencia, recuerdo, experiencia que se graba en nosotros al ser hij@s; solo que se nos olvida, y nos obliga luego a estar muy atentos, a volver a las profundidades del corazón y bucear en aquellas experiencias de amor, de cuidado, de esperas, de paciencias medidas de mil modos, de preocupaciones, de limites, de decepciones, de tironeos...y tanto más.
Mi casa en poco tiempo, pasó de estar habitada por mis dos niñas y por mí, a estar habitada por dos mujercitas y por mí. Debo decir que a veces no es fácil. Que los insomnios de los primeros tiempos de sus vidas, comparados a los que a veces me provoca su adolescencia explotando (literal) por todos lados, me resultan en el recuerdo, ahora, pequeñeces.
Hay mucho por aprender, por renunciar, por aceptar, por agradecer, y por ofrecer. Hoy, y porque es lo que el corazón está dictando, voy a guardar solo una palabra: gratuidad.

No importa cuanto uno haya hecho o dejado de hacer, a los hijos siempre les/nos resulta insuficiente. 
No importa cuanto deseo de cuidar y proteger hayamos tenido como padres o podamos reconocer en los nuestros, es claro que nunca serán suficientes los intentos de salvaguardar del peligro, de evitar los sufrimientos, de rescatar de cosas que dejan huellas de dolor para toda la vida. 
No importa la cantidad de advertencias-consejos porque llega un momento en el que los pasos empiezan a abrirse por caminos distintos, un tiempo en el que se reclama independencia, que se pide separación, y cada quien empieza a decirse a sí mismo su propia verdad , la verdad de "quien es" en el mundo.
No importan las horas sin dormir, las veces con el corazón en la garganta frente a una enfermedad, una situación difícil.
No importa que lo hayamos hecho solos, sin compañero en quien apoyarnos y con quién compartir la responsabilidad de toda la crianza. 
Y no importa cuánto sintamos que dimos, cuánto creamos que nos merecemos, cuánto nos parezca que nuestros hijos debieran reconocernos. No es por ahí. Ser mamá es educar el corazón en una escuela de gratuidad increíblemente hermosa, aunque a veces sea dolorosa también. Dar a luz,cada día de la vida de nuestros hijos. Volver a poner el cuerpo, el alma entera, el corazón expuesto a los dolores de parto una y otra vez. Nuestra misión es dar a luz, pujar hacia la vida. Gratis. 
Agradecer, aceptar un regalo que no nos pertenece del todo, hacer lo mejor que nos sale del corazón, y no esperar nada a cambio. Aunque la ingratitud sea muchas veces la paga, y aunque pueda parecer injusto  a nuestro corazón mezquino y apegado, dar con gratuidad y amar de esa manera, es el camino. 


martes, 14 de octubre de 2014

Salida...



Hace poco leía que de ciertos "pozos" se sale para abajo. 
Aún cuando todo indique que habría que volver al punto de salida, hay profundidades de las que no se emerge así no más, y de las que la única salida parecería ser aceptar la caída, el no control. 
Tiempo de dejarse caer hasta el fondo, hasta que un tope indique que ya está, que no hay más abajo posible, que en profundidad y oscuridad, en soledad y desazón, ya no hay manera de caer más hondo.
No es acogedor, no es deseable, es doloroso.. No es una cuestión de voluntades, ni de opciones ahora.
Solo caer, no ofrecer resistencia. 

jueves, 9 de octubre de 2014

Huellas



En el recorrido de la vida, en el tiempo y también en los distintos espacios en los que vamos viviendo, son muchas las experiencias y las personas que van dejando huella en el corazón. Sobre todo estas últimas, personas que nos regalan huellas vivas, algo distinto a recuerdos o anécdotas. 

Huellas que una y otra vez vuelven a marcarse en el alma, y dan cuenta de un paso a veces silencioso, otras veces con toda la intención de hacernos ver que caminan tan cerca, que están ahí, dentro, que nos cuidan y quieren, que no nos dejan solos.

Estamos llenos de bienvenidas y despedidas, de encuentros, de abrazos, de miradas que salvan, de mimos, de detalles; y también de desencuentros, de soledades, de no cuidados, de egoísmos, de olvidos. 

Todo hace al camino, al movimiento en el que el corazón crece, se expande, aprende, desaprende, re-aprende y experimenta libertad. 

Más que el mismísimo aire que respiro, cuando esas huellitas irrumpen en medio de mi día, me traen VIDA en manantiales de alegría y cariño. Y me siento feliz. Me sé mirada con ternura, desde cualquier lugar del planeta. 

Siempre me representan sorpresa y regalo. Sorpresa no porque no sepa por anticipado que están ahí, tan cerca, sino por lo oportunísimas que pueden ser las más de las veces las huellas más visibles. Y… ¡regalo! me sé “obsequiada” en grande con la presencia incondicional de personas que sostienen mi alegría y mi vida, aceptando que soy como soy, queriéndome así, compartiendo conmigo su camino, dejándome pasar por su vida y su alma dejando mis propias marcas de cariño y amistad.



sábado, 4 de octubre de 2014

BiEnVeNiDaS siempre al corazón!!

A los 20 años tuve el regalo de trabajar en un lugar que me marcó el corazón para siempre; y cada vez que alguna cosa moviliza de manera especial aquel recuerdo siento una alegría difícil de explicar.
Trabajé en un Hogar de nenas que por distintas razones no podían en ese momento vivir en sus casas, con sus familias. 
Siento que cada nombre, cada una de esas nenas hoy ya mujeres, quedaron grabadas en mi corazón con letras doradas. 
Gracias a las redes sociales tenemos la posibilidad de reencontrarnos, y cada vez que "aparece" alguna siento dentro una sensación de bienvenida, de alegría, parecida a la que se siente cuando alguien vuelve a casa después de una larga ausencia.

Me preguntan: -"¿se acuerda de mí?"... y no solo que me acuerdo sino que celebro el recuerdo, celebro el regreso, celebro un cariño que no se va a diluir nunca porque cada una forma parte de mi corazón y de mi vida.


Antonella, Claudia, Silvia, Sole, Katia, Carina, Leonor, Claudia, Laurita, Johana, Yamila, Pato, Jesica, Noemí, Vanesa R, Vanesa Q., Debora, Jaqui, Laura, Yiyo, Guada, Erica, Andrea, Sandra, Cintia, Susana, Andrea, Noelia, Sandra O., Celeste, Lidia, Gloria, Paola B, Vanesa B, Natalia, Maria de los Angeles, Liliana, Lorena C., Lorena F., Andrea Verónica, Sabrina, Luján, Andrea L., Vero L, Ayelén, Maira, Mailén, Yésica I., Luz, Yamila, Paola, Ailén, Fiorella, Joela, Oriana, María Luján, Sandra G, Laura G, Lourdes, Sandra C, Margarita, Estela, Soledad T. Soledad F, Romina...








domingo, 28 de septiembre de 2014

El ♥ lleno de nombres...

En lo cotidiano encuentro miradas que esperan de mí, que reclaman, buscan, “necesitan”. A veces me sorprende desde dentro una señal de alarma que me dice que es momento de desacelerar los pasos, dejar de lado lo urgente, lo que “tengo” que hacer, lo que había planificado; para dejarme encontrar por esos ojos que piden descansarse en los míos. Como si de pronto “despertara” en medio del día, y tuviera por un momento la capacidad-posibilidad de advertir que todo cuanto está aconteciendo alrededor, es MILAGRO.
¡Lo disfruto plenamente! Como si todo el día cobrara sentido a partir de esos encuentros. 

Ahora, en este mismo instante, viene a la memoria una frase de Pedro Casaldáliga:

«Al final del camino me dirán: -¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres» 

Y ahora cambio camino por día, y lo vuelvo a leer: 

 Al final del DIA me dirán: “Ana, ¿has vivido? ¿Has amado?” y yo sin decir nada... 

¿Qué diré?

¿Diré el listado de deberes bien cumplidos, o de lo no hecho todavía?
¿Daré mis excusas por el tiempo que no alcanza, por la falta de ayuda de los que estaban conmigo?
¿Diré que no estaba lista? ¿Me esconderé en mis límites?
¿Diré que no es justo, pediré prorroga para enfocarme mejor si hubiera más tiempo?
¿Diré mis distracciones, mis cansancios, mis olvidos?

¿Qué diré?

Ojalá al fin del día, de cada día, mi corazón esté lleno de nombres, mis ojos llenos de miradas. Y pueda así, quizás sin decir nada...abrir el corazón entero y descubrir que está lleno de vida entrelazada y compartida en lo pequeño.

Al final del día, del camino, de la vida entera... será lo que en verdad cuente.





domingo, 21 de septiembre de 2014

ME BASTA UN SUEÑO

Para andar, para esperar, para seguir construyendo, 
para no perder la paz y la alegría...

Esperanza, ilusiones, sueños... todo parece salirse de la misma bolsa de palabras. 
En medio de un diálogo que solo quedará escrito en el alma, y atesorando una promesa que probablemente no vaya a tener oportunidad de cumplirse, se escribieron solas estas cuatro palabras: ME BASTA UN SUEÑO.
Me sorprendí a mi misma con esa declaración mínima que por dentro se me hizo gigante. Y en eco repetido me persigue afortunadamente estos días frente a muchas situaciones bien diferentes que se constituyen en escenario de mi cotidiano externo e interno.
Un sueño que no me distancia de mis pies en la tierra, de mi percepción de lo real, que no me distrae demasiado de lo que ahora mismo atravieso. Y al mismo tiempo, porque es esta la magia del sueño, el corazón va lejos, adelantado, adelantando, despegado casi casi de mí misma.
No hay lugar para todo lo que amenaza desánimo. Mi corazón está a salvo, el resto de mí no sé, pero el corazón sí. Y ahí es donde se guarda el tesoro, nadie tiene el poder de quitarme un sueño.
Me basta un sueño para respirar. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Celebrar la vocación, el recuerdo y el camino.

En Argentina hoy festejamos el día del maestro. Alguien publicó en facebook foto con su primera maestra y me abrió mis propios recuerdos. 
Las de las fotos que comparto no fueron mis primeras "seños" pero sí fueron las primeras que recuerdo de manera especial. Mi maestra de sala de 4 y mi señorita de 3er grado. De la seño Mercedes, de jardín, aunque el recuerdo en situación no es el más "agradable", hoy mismo pude darme cuenta de su dulzura. Cierro los ojos y puedo a volver a la escena de ese día: veo a la maestra mucho más grande y alta de lo que en verdad parece que era, ella preguntando "quién se hizo caca", no sé que habré pensado y con qué palabras exactas, solo recuerdo que no quería que me "descubriera". 
Lo hizo, toda maestra descubre a la corta o a la larga quién fue,,,,jeje. Lo que recuerdo después de eso, en ese momento que ninguna maestra desea encontrar, es su dulzura. Como si fuera un gran gusto para ella acompañarme en esa situación. 
Mi maestra me quería. No hubiera sido capaz de abandonarme ese "desgraciado día"...y ayyyy que es el ÚNICO QUE RECUERDO de mi paso por el jardín de infantes...



La segunda maestra que recuerdo con un sincero y profundo amor, fue mi maestra de 3er grado, la señorita Herminia. 
Siempre fui muy tímida, con el tiempo fui encontrando mis herramientas para superar esto, pero en aquel tiempo todavía no podía manejarlo. Recuerdo a esta maestra y lo que siento muy dentro es el gran cariño hacia ella y una especie de admiración silenciosa que ella me despertaba. Fue mi primera maestra de quien puedo decir que su palabra era para mí "palabra santa". Si ella lo decía... era! Mi señorita de los dibujitos de 5 renglones y no más; de las tablas recitadas de corrido casi sin respiro, mi señorita que me hizo sentir orgullo por un ¡10! en tablas... 
Mi señorita Herminia que me supo VER. Y esto último es lo que ahora mismo me emociona de solo recordar. Situación de exámen final. Hay un ejercicio que no me sale, y lloro sola en el banco. Intento esconderme detrás de mi compañera de adelante, no quiero que mi maestra me descubra. Y otra vez, claro que no iba a ser de otra manera, mi señorita amada ME DESCUBRE., me llama, y con una ternura que nunca voy a olvidar me dice casi al oído: "¿qué pasa petiza, por qué llorás?" Le cuento que "no me sale"...y después de devolverme a la calma me lo explica para que nunca más olvide la lección: SIEMPRE HAY ALGUIEN PARA AYUDAR CUANDO SOLOS NO PODEMOS. 


Ahora mismo mientras escribo me doy cuenta que en el corazón del recuerdo aparece casi sin querer la misma connotación: una MAESTRA que me DESCUBRE con tanto amor, que transforma lo feo o lo malo en un gesto inolvidable de ternura.
Ojalá pueda ahora que estoy del otro lado, mirar como ellas me miraron, DESCUBRIR a aquel que "nadie vio" de manera especial y regalarle esas miradas de amor. 

FELIZ DIA DEL MAESTRO para mis compañer@s de trabajo, para mis amigas maestras, para mis maest@s de la vida, para todos los educadores de vocación y corazón!!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...