A veces la vida no brota de la forma que esperamos. Se trunca el crecimiento, se nos desarma la esperanza, y toca atravesar ciertos desconciertos en soledad. El tiempo nos confirma en la frustración y la pérdida, en la nostalgia de lo que fue y ya no es ni será.
Entonces, la vida y sus sorpresas, el camino y su novedad, lo que no se esperaba, los benditos tiempos de Dios.
Y la VIDA estallando en nuestra cara desplegando maravillas.
Sostener, incluso cuando sentimos haber perdido nuestra fecundidad, es un salto de esperanza. La espera del tiempo oportuno. Resistencia cuando no es evidente la alegría. Y bendecir y celebrar cuando la vida se empeña en regalarnos nuevas oportunidades de amar y custodiar el tesoro.
